Nuestro país y su sociedad está en el umbral de una crisis perfecta – económica, agrícola, política, derechos humanos, social y hasta financiera – y todo por mostrar, se supone que una voluntad franciscana: – ayuna de maldad y de perversidad – buena voluntad con las migraciones de poblaciones de centroamericanos que, en tránsito hacia la Tierra de las Oportunidades.
En el umbral de la finalización de la administración Peña, organizaciones de centro americanos constituyeron caravanas para cruzar nuestro país hacia los Estados Unidos y fueron alentados por palabras y actitudes promisorias del ahora presidente de la República – trabajo, ayuda, hospedaje, alimentación y seguridad -. Se presume que fueron o para generar un problema de política internacional y migratoria a los que se iban o, franciscanamente, para ayudarles cuando fuera su momento.
Las cosas derivaron hacia la conveniencia de los migrantes, pues el momento se llegó y los que arribaron al poder jamás se imaginaron el volumen del problema. Partiendo de que la frontera está muy mal vigilada, los pasos, los cruces, son ilegales y demandan cumplimiento de la palabra presidencial, pero no existe tal respuesta – Ni trabajo, ni alimento, seguridad, la posible, hospedaje, lo posible, también – y los que pagan los platos rotos son las autoridades políticas por donde cruzan: ayuntamientos y gubernaturas, los que demandan dinero para pagar alimentos, levantamientos de albergues y pago de mantenimientos, además de hospedaje y alimentos, además, resolver en la medida de lo posible, los conflictos que se generan al viajar familias con niños – o niños solos -y lo oscuro de las sociedades – narcotraficantes, prostitutas, ladrones, asesinos, maras (Marasalvatruchas), etc.
Y las corrientes migratorias, pese a todos los impedimentos de todo tipo, no paran y, en la semana pasada, autoridades norteamericanas detuvieron ya en su territorio, a una caravana de más mil indocumentados lo que, a juicio de Donald Trump y dados los constantes cruces de ilegales, tomó una decisión ejecutiva que afectará nuestras relaciones con nuestro vecino del norte y lesionará escenarios económicos, políticos, agropecuarios y financieros de ambos países: si para el 10 de junio las autoridades mexicanas no muestran cambio en su actitud liberal – dejar hacer. Dejar pasar – con las caravanas de migrantes, aplicarán un impuesto del 5% a nuestros productos agrícolas, que será ascendente 5% cada mes – julio, 10%, Agosto, 15%, Septiembre, 20 y 25 en octubre – y si no hay cambio evidente, se quedará permanentemente, en tanto no haya cambio alguno en la política migratoria de nuestro país.
A esta decisión unilateral norteamericana, nuestro presidente respondió fuera de toda diplomacia – además, tomó una determinación que le correspondía, previo acuerdo con él, al secretario de Relaciones Exteriores – con una misiva-epístola carente de tacto, que está bien, pero no debe ser un pleito callejero, ni un encuentro de box…
¿Qué pasará? Todo es muy simpe de arreglar: militarizar, endurecer los cruces fronterizos, detener y regresar a los integrantes de las caravanas y permitir el paso a los que tengan documentación legal y en forma. ¿Qué le importará más al presidente de la República?























