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Una lección de identificación con nuestras raíces  y sobre lo que debe hacerse en América Latina para encontrar estabilidad y crecimiento integral, la recibió Calderón en Cartagena de Indias por parte del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos quien, en su discurso, afirmó que cuando un país se colapsa económicamente todo está en riesgo. En su aseveración , confirmó lo que es conocido por todos los países latinos y que es la existencia de una enorme riqueza en recursos naturales de la que están a la expectativa los filibusteros de siempre.

Existen en toda la América de Martí y México no es la excepción, recursos no renovables inmensos que paulatinamente se están entregando a empresarios y gobiernos extranjeros. En los últimos veinticuatro años principalmente, el agua, la biodiversidad, la energía (el petróleo), poco a poco se han ido liberando, satisfaciendo con creces la ambición imperialista.

Juan Manuel Santos al respecto señaló, palabras más palabras menos, pero muy precisas, que si aprovecháramos eficientemente todo el potencial energético y de recursos que tenemos y que los países industrializados andan tras ellos buscándolos afanosamente podríamos crecer mucho más. El presidente colombiano, que no es de “izquierda” resaltó en otra parte de su discurso,  que “el crecimiento solo puede lograrse si hay un ejercicio de buen gobierno eficiente, eficaz, transparente y que siempre rinda cuentas”. Y fue más allá, afirmando que solamente habrá un desarrollo económico si existe gobernabilidad y estabilidad.

Cabe indicar que al inicio de su mandato y por las condiciones prácticamente de guerra que el país vivía, el presidente  se acercó a la oposición a dialogar y “hablamos de lo que tenemos en común, respetando los enfoques diferentes. ¡Hay que hacer puentes más que murallas!” Santos dixit.

Desde luego que hay una diferencia enorme entre Santos y Calderón; estos  dos personajes aun cuando ambos son de orientación liberal, tienen conductas diferentes aun para resolver problemas similares. Santos heredó un país con una guerrilla poderosa,  mientras Calderón la propicio. Santos llegó por el voto del pueblo y entró a la sede del gobierno colombiano por la puerta del frente.  

Calderón tiene otro origen y diferente enfoque de la administración pública; es un apasionado del libre comercio. En su exposición en la cumbre de Cartagena, hizo gala de los 44 tratados comerciales firmados por autoridades anteriores, destacando ente éstos el del de Libre Comercio con el Canadá y los Espantados Unidos, lo que ha permitido –expresó- tener acceso a un mercado de mil millones de consumidores, subrayando que no hay espacio para el dilema entre la apertura comercial y el proteccionismo, pues el verdadero crecimiento económico y desarrollo de los pueblos no está en la estatización, sino en la apertura y la libertad de comercio”.
Desde su toma de protesta como presidente, Santos se dio a la tarea de modificar su política exterior y reinsertar nuevamente a Colombia en Sudamérica. Rápidamente entablo mejores relaciones con Ecuador y Venezuela y luego las inició en mejor forma con Chile y Perú. México en cambio, ha estado cada día más lejos de latinoamericana.

En los cinco siglos y medio de gobernante, Calderón ha impulsado una guerra interna de dimensiones inesperadas, mientras Santos  ha reducido su dimensión militar y procurando no anclarse en el militarismo del gobierno de Álvaro Uribe. Tienen ahora, magnificas relaciones en toda Latinoamérica, pues poco antes de tomar protesta visitó Chile, Argentina, Perú, Panamá, Costa Rica, México y Haití, resaltando su inasistencia en los Espantados Unidos y Brasil, “tal vez para enviar un mensaje de su independencia política ” .

En Cartagena Calderón, nos envió un mensaje: “No le demos vuelta: la alternativa es la apertura, es la competencia, es la empresa, es la libertad, es la propiedad. El Crecimiento no está en la estatización”. ¡No le creamos! Tenemos que darle la vuelta y revertir el deterioro económico con otras políticas. Tenemos que eliminar la pobreza, recuperar las riquezas explotadas irracionalmente por el capital extranjeros, evitar la sujeción de los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, dictados que nos han conducido a la dependencia alimentaria, a la marginación, a la falta del empleo, al incremento del crimen organizado, al fracaso como país. Â