Quintana Roo ha dejado de ser un tema local. La corrupción en Quintana Roo, la impunidad y un largo etcétera que llega a las mafias del crimen organizado, hacen de esta entidad un asunto de seguridad nacional. No es ajeno a todo esto el ex gobernador Félix González Canto y otros ex gobernantes y funcionarios. Félix está obligado a rendir cuentas. El Congreso del Estado tiene una magnÃfica oportunidad para reivindicarse, para recuperar su dignidad. Ningún otro poder puede ni debe pisotear a esta representación que es donde reside la soberanÃa del estado.
¿Por qué Félix González Canto debe ser sometido a juicio polÃtico?
La pregunta tiene muchas respuestas. En primer lugar porque desde el poder Félix pervirtió a las instituciones de la entidad utilizándolas para sus fines personales. Endeudó al estado comprometiendo el futuro de nuevas generaciones; utilizó fondos del erario para promover su imagen lo cual constituye un delito que debe ser sancionado, incluso por la vÃa penal; se benefició de la tragedia, sus familiares aparecen en las listas de los grandes damnificados por los huracanes; se apropió indebidamente –con la complicidad por supuesto– de numerosos juegos de placas de taxis, y se dio el lujo de “pagar†con varios juegos de éstas concesiones algunas propiedades millonarias que adquirió antes de terminar su mandato, corrompió y manipuló a los medios, asÃ, además, incurrió en un manejo indebido y fuera de todo marco legal del sistema quintanarroense de comunicación, violó las más elementales leyes electorales y el IFE ha exigido a las autoridades estatales que se le sancione; se enriqueció ilÃcitamente, bastarÃa hacer un arqueo a su situación patrimonial; realizó operaciones con dinero de procedencia ilÃcita; se benefició con el usufructo de concesiones portuarias; adquirió aeronaves para uso particular –con operación a cargo del erario– aún después de su encargo; su gobierno se vinculó al crimen organizado al otorgar una concesión de un penal a miembros de un cártel y como cereza en el pastel incurrió en el delito de nepotismo, parientes por aquà parientes por allá, todos con cargos en la administración pública, lo que implica que debe ser inhabilitado y sancionado por la ley de servidores públicos del estado.
Valiéndose de su cargo como gobernador Félix González Canto logró acumular una inconmensurable fortuna que lo hacen ahora uno de los hombres más ricos de Quintana Roo, en una especie de los personajes de la revista Forbes, claro realizando jugosos e inmorales negocios con factura al erario público. Hasta da gusto ser gobernador.
Para nadie es un secreto en Quintana Roo que Félix González Canto recurrió al uso de las arcas públicas como fuente de financiamiento para su enriquecimiento y sus ambiciones polÃticas.
Como muchos de los nuevos ricos –en especial los polÃticos depredadores, que no llegan a servir sino a servirse– a Félix González Canto lo ocurre lo que a éstos “si no exhiben su poder y su dinero, no existenâ€.
Por eso el ex gobernador de Quintana Roo acuñó como suya la famosa frase del vulgo: “el que no tranza no avanzaâ€. A tal grado que sus asesores le aconsejaban que a esta frase la patentara como de su autorÃa, porque esa terminó siendo la “filosofÃa†de su gobierno. Por eso muchos se preguntan ¿dónde quedaron los 25 mil millones de pesos con los que endeudó Félix a Quintana Roo?
No es fortuito que esta entidad del Caribe sea vista como la “pequeña Italiaâ€. Aquà los jefes mafiosos hacen tratos con polÃticos de Cozumel y de Chetumal, que, a su vez, apoyan a los lÃderes regionales. Y todos ellos comparten una lucha contra el aparato de justicia. Pero, ¡ay de aquel periodista que ose hablar de ello! De inmediato se convierte en un “extorsionador profesionalâ€, en un “corruptoâ€, por el simple hecho de denunciar toda esta cadena de atrocidades.
Es por eso que el caso de Félix González Canto me recuerda el del polÃtico italiano Salvatore Cuffarò, Totò para sus amigos. Este polÃtico siciliano que fue condenado por complicidad con mafiosos, fue elegido senador. Como Félix González Canto, Salvatore Cuffarò impuso el clientelismo como la base de la vida polÃtica, económica y social del sur de Italia. ¿Alguna semejanza con Quintana Roo?
La candidatura de Félix como senador ofrece una imagen muy útil de cómo la mafia piensa y habla de polÃtica. “Félix es lo mejor que podÃamos pedir”. “Esperemos en que gane el PRI”. “Peña Nieto para resolver sus problemas, tiene que resolver también los nuestros”, asegura uno de los hombres cercanos a Félix González Canto.
Existen buenos motivos para creer que eso es cierto. Desde que llegó Félix al poder en 2005, comenzó a librar una campaña implacable para debilitar los poderes del aparato judicial y legislativo, que terminó sometiendo a él. Por eso, Félix y varios colaboradores suyos han eludido diversos procesos por cargos que van desde corrupción y soborno hasta connivencia con la mafia.
Uno de los mejores amigos de Félix fue Luis Carlos Carrillo Cano, sobrino del desaparecido capo Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielosâ€, el propio Félix le llamó a Luis Carlos Carrillo para mostrarle su “solidaridad†y decirle que las crÃticas y señalamientos en los medios de que era un miembro de la mafia, eran “una campaña de chantajeâ€, que él (Félix) “he hablado con nuestros amigos de la PGR y me han dicho que está todo controlado”.
Durante su gestión como gobernador Félix le otorgó una concesión a Luis Carlos Carrillo Cano para la ampliación del penal de Cancún. Carrillo se ostentaba como un “exitoso constructor†hasta que hace un año fue ejecutado en esa ciudad.
Esa relación muestra cómo la mafia se ha insertado en la vida polÃtica de Quintana Roo. Sus jefes locales tienen lazos con los polÃticos de la entidad, a los que dan dinero y de quienes reciben favores, bien en forma de contratos públicos desviados hacia sus empresas o avisándoles cuando están bajo investigación. Por su parte, los polÃticos locales acumulan bases de poder importantes y gran número de votantes leales, y los polÃticos nacionales buscan esos contactos y, a su vez, les ayudan. Es un sistema basado en el clientelismo y el poder, que cuenta con el apoyo del crimen organizado.
Todo esto no sólo es moralmente repugnante, sino que es crucial para el gobierno. Entre los temas más importantes de la reciente campaña electoral presidencial está la criminalidad y la seguridad pública. Para ocuparse de ellos, el gobierno tendrá que cambiar de polÃtica penal y quienes estén vinculados a estas mafias deben someterse a rendición de cuentas.
Algo debe hacerse, pues la colaboración entre las mafias y el Estado comienza a ser tan estrecha que no sabe uno dónde terminan aquéllas y comienza éste.
Asà no es ninguna novedad que algunos personajes como Félix que buscan captar y capturar a la polÃtica para hacer sus propios negocios y sus propios intereses, de esa manera durante su gestión –si se le puede llamar asÃ- todos los dÃas buscó condicionar las decisiones del gobierno para reflotar su poder económico que venÃa ejerciendo paralelamente, guiado desde luego por la máxima del profesor Carlos Hank González quien sostenÃa que “un polÃtico pobre es un pobre polÃticoâ€. Félix González Canto siguió a pie juntillas el aforismo del Profesor.
En Quintana Roo como en otras entidades del paÃs, ha quedado claro que como si no fuera suficiente el drama de las mafias de los narcotraficantes, el paÃs se ha visto arropado por nuevas mafias, escondidas, en las cuales interactúan representantes de la polÃtica, el gobierno y el sector privado.
La función de estas mafias es saquear las finanzas públicas para beneficio personal. Mafias de contratistas que lavan dinero se infiltran en la administración pública. Por ese motivo en Quintana Roo durante el gobierno de Félix González Canto se clasificaron muchas de las operaciones financieras del gobierno como “reservadas†o “secretas†hasta por un lapso de 20 años. No existe la más mÃnima transparencia para el sector público, de tal manera de que no hay herramientas para luchar contra la corrupción. Ese es el legado que dejó el ex gobernador Félix González Canto que sin rubor busca ahora un escaño en el Senado de la República para mantener su coto de impunidad.
En Quintana Roo están corrompidas las estructuras de poder, no hay una gobernabilidad democrática por eso es preocupante el trinomio violencia con mafia y polÃtica. La tragedia consiste no sólo en que la mafia se involucra en la polÃtica, sino en que es la polÃtica la que instrumentaliza la mafia. De ahà la necesidad de atacar la impunidad social, polÃtica y judicial.
A nadie escapa la indebida intervención en polÃtica de funcionarios públicos, no sólo para favorecer, sino para coartar la competencia polÃtica. Se debe garantizar que los recursos públicos no se utilicen para favorecer ni para perjudicar a nadie.
Ahà está el caso del “pacto†entre Félix y Gregorio “Greg†Sánchez MartÃnez quienes más que “negociarâ€, tranzaron, de la manera más burda, la candidatura al Senado de la República ¿A cambio de qué?
Para nadie es un secreto cómo se negoció al respecto, pero nadie hace nada. Por eso tanta impunidad.
Si no se adoptan medidas correctivas, incluso el gobierno estará en riesgo porque las organizaciones mafiosas siguen fortaleciéndose en el Caribe. La delincuencia seguirá campeando en el paÃs porque están dadas las condiciones para que asà ocurra. El caso de Quintana Roo es un ejemplo. La gobernabilidad está en entredicho.
Por eso los diputados del Congreso local deben actuar con madurez, de modo a evitar que en los próximos años aparezcan los problemas que azotan actualmente a otras entidades como Nuevo León o Chihuahua donde la descomposición social es alarmante por las complicidades de las autoridades polÃticas con las mafias del crimen organizado. En ese sentido Quintana Roo ya ha experimentado procesos dolorosos, un ex gobernador está tras las rejas por sus vÃnculos con el crimen organizado.
El tema de fondo es la corrupción polÃtica y la impunidad.
Félix González Canto privilegio sus intereses personales y puso en riesgo al estado. Para empezar incurrió en un abuso autoritario del poder. Como solÃa decir Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamenteâ€. Tal sentido sigue estando presente y predomina en el Caribe como referente de los tipos de abuso del poder, como aquel que consiste en el enriquecimiento ilegal o ilegÃtimo de los polÃticos o, en general, de las autoridades (corrupción personal) o el favorecimiento ilegal o ilegÃtimo a las causas u organizaciones a las que están integrados aunque no se beneficien personalmente (corrupción oficial), gracias a los cargos que desempeñan o sus conexiones con quienes los tienen.
El manejo de la deuda pública de Quintana Roo por el gobierno de Félix González Canto evidenció un manejo deshonesto de recursos públicos, por tal motivo los miembros del Congreso y del poder judicial deben sancionar las conductas no sólo de funcionarios públicos sino también aquellas dirigidas hacia actividades del estado que estuvieron involucradas en su manejo.
En el campo jurÃdico es necesario aplicar la ley con mano firme mediante un juicio polÃtico al ex gobernador, sino además los legisladores deben de trabajar en mejores leyes contra la corrupción no sólo porque esta no sólo sea polÃtica en cuanto que en ella estén envueltos polÃticos sino también en cuanto que los polÃticos ya no pueden prescindir de producir polÃticas y normas contra ella y que estas polÃticas y normas crean fuertes restricciones al actuar polÃtico.
La relación entre corrupción y polÃtica es mucho más profunda de lo que uno pudiera esperar. En primer lugar, no hay que perder de vista que la corrupción no sólo es una acción más o menos consagrada como delictiva sino también un importante medio de influencia polÃtica con manifiestas ventajas respecto de la pura persuasión, por un lado, y la coerción, por el otro.
En el fondo, los actores polÃticos sobre todo en los casos de corrupción oficial y no personal casi nunca están dispuestos a renunciar completamente a esta forma de influencia. AsÃ, por ejemplo, con Félix González Canto en Quintana Roo se vivió un auge de la corrupción. Abundaron los excesos en que podÃan estar involucrados lo mismo polÃticos que particulares, a tal grado que no se cuestionaba nada. Tan es asà que la corrupción ha llegado a tal grado que constituye un factor de desestabilización y deslegitimación del sistema polÃtico, pues no hay nada más virulento en una democracia que la corrupción.
A propósito del “Caso Félixâ€, Stephen D. Morris, quien realizó un interesante estudio de la corrupción en México, sostenÃa que “se la ha definido como el uso ilegitimo del poder público para el beneficio privado”; “Todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental como consecuencia de consideraciones de beneficio personal o polÃtico”; o simplemente como “el uso arbitrario del poder”.
Otra definición con un énfasis más jurÃdico la proporciona Guillermo Brizio: “Se designa a la corrupción como un fenómeno social, a través del cual un servidor público es impulsado a actuar en contra de las leyes, normatividad y prácticas implementados, a fin de favorecer intereses particulares”.
La corrupción también ha sido definida como: “comportamiento polÃtico desviado” (falta de ética polÃtica); “conducta polÃtica contraria a las normas jurÃdicas” (falta de ética jurÃdica y polÃtica); y “usurpación privada de lo que corresponde al dominio público”. Cabe destacar que el interés personal no es un elemento que necesariamente debe incluirse en una definición, pues los actos de corrupción no siempre benefician únicamente intereses particulares. La corrupción puede beneficiar a familiares, amigos o incluso a una organización, a una causa o movimiento social, polÃtico o cultural.
Visto asÃ, en el “Caso Félix†hay mucha tela donde cortar. Hay argumentos jurÃdicos para un juicio polÃtico, sus atrocidades cometidas desde el poder están documentadas. SerÃa inconcebible que el Congreso local dejara pasar por alto, una oportunidad como esta para reivindicarse y recuperar la confianza y la esperanza en las instituciones. De otra forma pasarÃan a ser cómplices por omisión o convicción.
























