El asunto del consorcio empresarial brasileño ODEBRECHT no deja de estar en las primeras planas, tiempos, pixeles y bytes en los medios electrónicos tradicionales y de actualidad por la no muy simple – ni moral, aunque sí legal – actuar de ella: sobornar para obtener concursos y obras de construcción muy costosas.
Esta acción – la de sobornar – no es nuevo ni es de este tiempo y de estos lugares. Sucede en todos, los tiempos y espacios y en todas las culturas, pero, actualmente por la inmediatez y popularización de los medios de comunicación instantáneas e individuales, tiene más espectacularidad y notoriedad.
El caso ODEBRECHT – en Brasil, LAVA JATO – ha costado ya varias carreras político partidistas y puestos políticos, entre estos la caída como presidente de la República de Brasil de Dilma Rousseff y del expresidente brasileño Luis Inacio Lula Da Silva – que purga una condena de 12 años y 6 meses, además de varios funcionarios de sus gabinetes, acusados de favorecer con contratos-obras a esta empresa.
En otros países de Latinoamérica, han caído presidentes y ex presidentes de varias repúblicas, entre ellos Alan García – en dos ocasiones presidente del Perú. Fue acusado de recibir 100 mil dólares (de parte de Odebrecht) por ofrecer una conferencia -, quien, el pasado 17 del presente, al saber que sería detenido, juzgado, pero antes escarnecido y humillado con el ventaneo y exhibicionismo populachero, al llegar los elementos policiacos encargados de su detención, solicitó un momento, que le fue concedido, regresó al interior de su casa y se suicidó dándose un balazo en el cráneo.
El hecho de su suicidio provocó muchas reacciones, pero muchas más una carta que dejó y fue leída en la capilla donde se velaban sus restos…algunas de sus palabras son las siguientes:
“No tengo por qué aceptar vejaciones; he visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia. Dejo mi cadáver como muestra de mi desprecio hacia mis adversarios…recrimino los rumores y odios repetidos que las mayorías creen de verdad; he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades…cumplí con mi misión como político y gobernante”.
Alan García mostró con este último acto de su vida, bastante de dignidad, honor, orgullo y altivez, acaso congruencia con su norma moral.
Curiosamente, en nuestro país, se formó mar de espuma y varias burbujas reventaron mojando a funcionarios de la pasada administración – desde la cabeza – el presidente de la República, hasta llegar a varios secretarios de Estado – Luis de Videgaray, entre ellos -, a un ex director de la paraestatal PEMEX, Emilio Lozoya Talman – y a varios más, pero los procesos están detenidos en su trámite o ya no importan, pues, como lo escribió Alan García: ya fueron vejados, humillados y juzgados…























