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El candidato presidencial que encabeza las preferencias en las encuestas electorales –las que se llevan a cabo con profesionalismo, al margen de las cuentas alegres del sectarismo ramplón–, Enrique Peña Nieto, incrementó su ventaja sobre Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, cuando apenas faltan dos meses y medio para la elección del 1 de julio, conforme a un sondeo dado a conocer el domingo.

La más recientes encuestas, de la firma BCG para el diario Excélsior y de GEA-ISA, muestran que Peña Nieto alcanza entre 41% y 50% de las preferencias de voto, de dos a tres puntos porcentuales arriba de las anteriores. Vázquez Mota oscila entre 22% y 29%, mientras que López Obrador cae a entre 14% y 20%.

Sabemos muy bien, o deberíamos saberlo, que las encuestas, sobre todo en materia electoral, son fotografías instantáneas de un momento determinado; que la decisión de la ciudadanía se encontrará siempre influida por factores coyunturales, incluso estados de ánimo y, por lo mismo, el sentido del voto el 1 de julio puede no coincidir con alguna de las instantáneas que hemos venido conociendo.

No obstante, la total coincidencia de los ejercicios realizados en serio, insisto, fuera del patético voluntarismo que incluso obnubila entendimientos, debería prepararnos para un resultado que no se modifica en sus proyecciones generales, pese a la persistente guerra sucia, por momentos verdadera campaña de odio contra Peña Nieto, que se libra sobre todo en las redes sociales, con absoluto desprecio por la verdad.

Hay, sin embargo, otras consideraciones, otros referentes que demandan atención. ¿Qué panorama enfrentará quien gane el 1 de julio, cuáles decisiones deberá tomar sin demora? El domingo último, en las páginas de opinión del influyente diario estadunidense The New York Times, Robert C. Bonner, exadministrador de la DEA y excomisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, escribió un análisis que, a mi juicio, es de los más acertados que se han dado a conocer respecto al combate contra el crimen organizado, en particular contra los cárteles de la droga; y no solamente porque coincida sustancialmente con lo que he venido sosteniendo durante algunos años, sino porque se trata del punto de inflexión de toda estrategia que aspire a vencer.

“En julio, México elegirá a un nuevo Presidente para remplazar a Felipe Calderón”, escribe Bonner. “Quien gane, tendrá que enfrentar el más importante desafío para el país: la batalla contra los cárteles de la droga. (…) “Para desmantelar los que aún funcionan, el sucesor de Calderón deberá recurrir a un elemento fundamental para doblegar a los capos, que hasta ahora ha estado ausente: un agresivo programa de confiscación de recursos financieros.

“Esto tendría que incluir la identificación e incautación no solamente de los fondos que utilizan los cárteles para llevar a cabo sus actividades criminales, sino de los bienes que sus integrantes han adquirido con sus ganancias ilícitas: casas, ranchos, aviones, barcos, vehículos y negocios aparentemente legítimos. Cuando esto se logre, México habrá ganado la batalla”.

Bonner sabe perfectamente que para que tal estrategia funcione, se requiere la cooperación del gobierno de Estados Unidos, que hasta el momento ha sido por lo menos omiso en la aceptación de sus responsabilidades. Los jefes de Estado y de gobierno de América Latina, reunidos apenas en Cartagena de Indias, Colombia, para la VI Cumbre de las América, exigieron al presidente Barack Obama que asuma la responsabilidad de su país, como principal consumidor de drogas y cómplice de los cárteles.

Los tres principales aspirantes presidenciales han delineado sus respectivos programas para combatir el crimen organizado, todos ellos con énfasis en la necesidad de fortalecer las instituciones federales  y, a la vez, marcando distancia con las políticas del actual gobierno.

Vázquez Mota dio a conocer su estrategia el viernes en Tamaulipas, uno de los estados más golpeados por la violencia relacionada con el narcotráfico. “No haré pactos ni vacilaré en la campaña contra el crimen organizado”, dijo. La referencia a los “pactos” fue un golpe bajo dirigido contra Peña Nieto, cuya campaña ha tratado de contrarrestar informes surgidos el año pasado acerca de ciertos grupos dentro del PRI, que supuestamente prefieren la opción de negociar acuerdos con los cárteles para reducir la violencia.

El terma cobró fuerza en octubre anterior, cuando Calderón le dijo a The New York Times que “algunos sectores” del  PRI estuvieron “dispuestos a negociar” con las organizaciones criminales en el pasado y podrían hacerlo de nuevo. Las negativas tajantes de Peña Nieto y el PRI han sido al parecer insuficientes para algunos círculos rabiosamente antipriístas, sobre la base de la añeja tesis, validada por Joseph Goebbles durante el nazismo, de “calumnia, que algo queda”.

Peña Nieto ha propuesto mantener a las fuerzas armadas en algunos puntos de grave riesgo y fortalecer a una Policía Federal renovada, mejor entrenada y pagada, rigurosamente supervisada para impedir la corrupción. López Obrador plantea propuestas similares, pero la horda de fanáticos que lo canoniza día con día en las redes sociales, se encarga de tergiversarlo todo, para consumo tanto de los fieles incondicionales, como de los desinformados que aceptan tragar bazofia disfrazada de información.

The Financial Times publicó en días pasados un análisis por demás interesante: “Muchos mexicanos se sienten deprimidos acerca de su país y el mundo ha compartido su pesimismo. Mientras tanto, la confianza en el auge de Brasil, de manifiesto durante la visita de la presidenta Dilma Roussef a Washington, ha captado la imaginación popular.

“Hace algunos años, había un animado debate acerca de qué país era el auténtico líder económico de América Latina. Para muchos mexicanos, la respuesta resultaba obvia. México había realizado una transición de la democracia. Su economía era más grande que la de Brasil. Incluso contaba con un sólido sistema bancario.

“Muy pronto cambió la situación. Brasil se convirtió en uno de los muy mencionados integrantes del grupo BRIC, ubicado sólo atrás de China. México quedó atrás, con una economía que representa apenas la mitad de la brasileña. ¿Qué sucedió?

“¿Sería mucho esperar que Peña Nieto, el telegénico candidato del PRI, de 45 años de edad, aporte una visión estratégica de estilo brasileño, si gana la elección del 1 de julio, como sugieren las encuestas? Peña ha dicho que abrirá Pemex al capital extranjero y la economía a una mayor competencia… el momento de la reforma se consolida”.

¿Así será, o seguiremos perdidos entre las encuestas prefabricadas para demostrar la infalibilidad del caudillo y las promesas a medias, que no acaban de definir el rumbo de la nación?

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx

 

El candidato presidencial que encabeza las preferencias en las encuestas electorales –las que se llevan a cabo con profesionalismo, al margen de las cuentas alegres del sectarismo ramplón–, Enrique Peña Nieto, incrementó su ventaja sobre Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, cuando apenas faltan dos meses y medio para la elección del 1 de julio, conforme a un sondeo dado a conocer el domingo.
La más recientes encuestas, de la firma BCG para el diario Excélsior y de GEA-ISA, muestran que Peña Nieto alcanza entre 41% y 50% de las preferencias de voto, de dos a tres puntos porcentuales arriba de las anteriores. Vázquez Mota oscila entre 22% y 29%, mientras que López Obrador cae a entre 14% y 20%.
Sabemos muy bien, o deberíamos saberlo, que las encuestas, sobre todo en materia electoral, son fotografías instantáneas de un momento determinado; que la decisión de la ciudadanía se encontrará siempre influida por factores coyunturales, incluso estados de ánimo y, por lo mismo, el sentido del voto el 1 de julio puede no coincidir con alguna de las instantáneas que hemos venido conociendo.
No obstante, la total coincidencia de los ejercicios realizados en serio, insisto, fuera del patético voluntarismo que incluso obnubila entendimientos, debería prepararnos para un resultado que no se modifica en sus proyecciones generales, pese a la persistente guerra sucia, por momentos verdadera campaña de odio contra Peña Nieto, que se libra sobre todo en las redes sociales, con absoluto desprecio por la verdad.
Hay, sin embargo, otras consideraciones, otros referentes que demandan atención. ¿Qué panorama enfrentará quien gane el 1 de julio, cuáles decisiones deberá tomar sin demora? El domingo último, en las páginas de opinión del influyente diario estadunidense The New York Times, Robert C. Bonner, exadministrador de la DEA y excomisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, escribió un análisis que, a mi juicio, es de los más acertados que se han dado a conocer respecto al combate contra el crimen organizado, en particular contra los cárteles de la droga; y no solamente porque coincida sustancialmente con lo que he venido sosteniendo durante algunos años, sino porque se trata del punto de inflexión de toda estrategia que aspire a vencer.
“En julio, México elegirá a un nuevo Presidente para remplazar a Felipe Calderón”, escribe Bonner. “Quien gane, tendrá que enfrentar el más importante desafío para el país: la batalla contra los cárteles de la droga. (…) “Para desmantelar los que aún funcionan, el sucesor de Calderón deberá recurrir a un elemento fundamental para doblegar a los capos, que hasta ahora ha estado ausente: un agresivo programa de confiscación de recursos financieros.
“Esto tendría que incluir la identificación e incautación no solamente de los fondos que utilizan los cárteles para llevar a cabo sus actividades criminales, sino de los bienes que sus integrantes han adquirido con sus ganancias ilícitas: casas, ranchos, aviones, barcos, vehículos y negocios aparentemente legítimos. Cuando esto se logre, México habrá ganado la batalla”.
Bonner sabe perfectamente que para que tal estrategia funcione, se requiere la cooperación del gobierno de Estados Unidos, que hasta el momento ha sido por lo menos omiso en la aceptación de sus responsabilidades. Los jefes de Estado y de gobierno de América Latina, reunidos apenas en Cartagena de Indias, Colombia, para la VI Cumbre de las América, exigieron al presidente Barack Obama que asuma la responsabilidad de su país, como principal consumidor de drogas y cómplice de los cárteles.
Los tres principales aspirantes presidenciales han delineado sus respectivos programas para combatir el crimen organizado, todos ellos con énfasis en la necesidad de fortalecer las instituciones federales  y, a la vez, marcando distancia con las políticas del actual gobierno.
Vázquez Mota dio a conocer su estrategia el viernes en Tamaulipas, uno de los estados más golpeados por la violencia relacionada con el narcotráfico. “No haré pactos ni vacilaré en la campaña contra el crimen organizado”, dijo. La referencia a los “pactos” fue un golpe bajo dirigido contra Peña Nieto, cuya campaña ha tratado de contrarrestar informes surgidos el año pasado acerca de ciertos grupos dentro del PRI, que supuestamente prefieren la opción de negociar acuerdos con los cárteles para reducir la violencia.
El terma cobró fuerza en octubre anterior, cuando Calderón le dijo a The New York Times que “algunos sectores” del  PRI estuvieron “dispuestos a negociar” con las organizaciones criminales en el pasado y podrían hacerlo de nuevo. Las negativas tajantes de Peña Nieto y el PRI han sido al parecer insuficientes para algunos círculos rabiosamente antipriístas, sobre la base de la añeja tesis, validada por Joseph Goebbles durante el nazismo, de “calumnia, que algo queda”.
Peña Nieto ha propuesto mantener a las fuerzas armadas en algunos puntos de grave riesgo y fortalecer a una Policía Federal renovada, mejor entrenada y pagada, rigurosamente supervisada para impedir la corrupción. López Obrador plantea propuestas similares, pero la horda de fanáticos que lo canoniza día con día en las redes sociales, se encarga de tergiversarlo todo, para consumo tanto de los fieles incondicionales, como de los desinformados que aceptan tragar bazofia disfrazada de información.
The Financial Times publicó en días pasados un análisis por demás interesante: “Muchos mexicanos se sienten deprimidos acerca de su país y el mundo ha compartido su pesimismo. Mientras tanto, la confianza en el auge de Brasil, de manifiesto durante la visita de la presidenta Dilma Roussef a Washington, ha captado la imaginación popular.
“Hace algunos años, había un animado debate acerca de qué país era el auténtico líder económico de América Latina. Para muchos mexicanos, la respuesta resultaba obvia. México había realizado una transición de la democracia. Su economía era más grande que la de Brasil. Incluso contaba con un sólido sistema bancario.
“Muy pronto cambió la situación. Brasil se convirtió en uno de los muy mencionados integrantes del grupo BRIC, ubicado sólo atrás de China. México quedó atrás, con una economía que representa apenas la mitad de la brasileña. ¿Qué sucedió?
“¿Sería mucho esperar que Peña Nieto, el telegénico candidato del PRI, de 45 años de edad, aporte una visión estratégica de estilo brasileño, si gana la elección del 1 de julio, como sugieren las encuestas? Peña ha dicho que abrirá Pemex al capital extranjero y la economía a una mayor competencia… el momento de la reforma se consolida”.
¿Así será, o seguiremos perdidos entre las encuestas prefabricadas para demostrar la infalibilidad del caudillo y las promesas a medias, que no acaban de definir el rumbo de la nación?
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx