Ayer, 23 de marzo, se cumplieron 25 años de la pérdida definitiva, literal, física y espiritualmente, de Luis Donaldo Colosio Murrieta, el hombre de San Francisco Kino, Sonora y candidato a la presidencia del partido revolucionario institucional, por el periodo 1994-2000.

A las 17.00 horas, e n la colonia Lomas Taurinas, de la ciudad de Tijuana, Baja California, del revólver Taurus empuñada por Mario Aburto Martínez salieron o una o las dos balas – una de ellas, la primera, mortal, en la cabeza – que cambiaron la vida de nuestro país: la política, la política partidista, la administración pública, el gobierno, la gobernabilidad.

Esa tarde, y esta fecha, son un parteaguas en la vida de la nación.

Hasta el momento, no hay otra versión, salvo la oficial: un asesino solitario, militante de una organización secreta – los caballeros Águila. Esto se supo y difundió después -. No hay más, pero todo es duda, confusión.

El asesino – Mario Aburto Martínez – fue detenido en la escena del crimen y ahí empezaron las dudas, las hipótesis y las conjeturas:

¿Por qué, al día siguiente, cuando lo presentaron a los Medios, fue presentado afeitado, limpio, sin golpe alguno, sin bigote?

¿Por qué Manlio Fabio Beltrones viajó con él y conversó – en privado – todo el tiempo del viaje aéreo Tijuana- ciudad de México?

¿De qué conversaron? Nunca se supo ni se sabrá…Es imposible que no haya habido una grabación y menos si se viajaba en una unidad, instalación oficial

Siempre se especuló que el perfil del candidato del PRI – Luis Donaldo Colosio Murrieta – había abierto heridas difíciles de cerrar con los juicios, mensajes e ideas de su discurso pronunciado el 6 de marzo de ese mismo año en el acto oficial, conmemorativo, de la fundación del partido revolucionario institucional.

Parece ser que sus palabras, juicios, mensajes de ese memorable discurso: Veo un México con hambre y sed de justicia generó muchos escenarios y uno de ellos fue determinante para decidir su desaparición.

Jamás hubo una hipótesis de un complot extranjero, al estilo, fílmico si se desea, de la Compañía, pero todo tiene ese perfil: confusión sobre el magnicida, varias versiones, muchas intervenciones y muchos beneficiados, pero no se investigó nada más. ¿Para qué? Se tenía un culpable. Las imágenes lo demostraban. Pero el presentado ante las cámaras ¡era distinto al del momento del atentado y su detención!

Siempre se especuló que el primer beneficiario de la desaparición física de Luis Donaldo Colosio era-había sido el presidente de la República, que así, con este crimen, corregía un error en la designación-elección del candidato a la presidencia de la República.

¿Por qué?

Porque en las circunstancias político sociales del país, de ese momento – primeros años del arribo de los tecnócratas al poder Ejecutivo – los seis años de Miguel de la Madrid Hurtado, 1982 – el iniciador y propulsor de esa etapa -, más los siguientes seis de Carlos Salinas de Gortari, 1988-1994 -, algunas opiniones, internas y extranjeras, enjuiciaban el riesgo de que las reformas implementadas y que a su juicio eran incompletas, en esos doce años pudieran ser revertidas si se configuraba un líder que encabezara la reversión de esas acciones transformistas y llegaba a la titularidad del poder Ejecutivo Federal.

Y esas opiniones, continuando con las especulaciones, consideraban al en ese momento candidato del PRI a la presidencia de la República – Luis Donaldo Colosio Murrieta, por su formación académica y política, experiencia técnico-administrativa- política – había sido diputado, senador de la República, secretario de Estado y mostraba gran capacidad de convocatoria – un gran riesgo para la continuidad, avance y creciente consolidación del cambio hacia el neoliberalismo, sin ruptura, y posterior globalización.

Y Luis Donaldo Colosio Murrieta era casi o muy seguro candidato triunfador y sería electo presidente de la República y, además, tendría mayoría calificada en el H. poder Legislativo y podría proponer-ordenar-realizar la reversión de las reformas iniciadas por los anteriores presidentes tecnócratas y regresar al Estado nacionalista y popular

Siguiendo con las especulaciones y las opiniones, finalmente, la moral política, señala-sostiene – que el fin justifica los medios. Que no se juzga si es moral o no lo es. Simplemente se pregunta ¿es necesario? Si la respuesta es sí, se hace y se olvida.

Continuando con las especulaciones y opiniones, el discurso del 6 de marzo de 1994 era un indicador, era el riesgo, el toque de alarma.

Con el atentado realizado, cumplido el magnicidio, las fichas-espacios ya estaban diseñados: llegó un tecnócrata – Ernesto Zedillo Ponce de León, que, además, no era priísta – que avanzó con el adelgazamiento del Estado, debilitamiento del PRI y distanciamiento del presidente de la República del PRI y, posterior y finalmente, facilitar la alternancia, acciones-hechos políticos que se cumplieron en la segunda mitad del sexenio de Zedillo Ponce de León al no tener mayoría calificada y sí minorías en el H. Congreso de la Unión.

La muerte de Luis Donaldo Colosio Murrieta, abrió la puerta a todas las especulaciones y aunque siempre se señaló a un responsable y autor intelectual del atentado – Carlos Salinas de Gortari -, lo cierto es que él fue uno de los viudos-deudos de su muerte: selló su negro futuro. Rechazo Total de la sociedad nacional a su persona.

Aquí y así inició – o continuó o se inició – el camino hacia el actual estado-condición del PRI en este momento: a partir de 1997 el PRI inició un descenso en la simpatías de la sociedad – y fue creciendo su rechazo – y de su militancia.
Hoy importa saber quién ordenó su muerte y quién lo llevó a cabo, y por qué?

Estás estas preguntas, hipotéticamente, Luis Donaldo Colosio Murrieta habría realizado la regresión de las reformas ya iniciadas?

¿Nuestro país y la política nacional sería otros, diferentes, si Luis Donaldo Colosio Murrieta hubiera sido presidente de la República? (Imposible saberlo. La técnica de Escenarios e s muy especulativa)-