Cada universidad – pública y privada – es un universo y, al menos en nuestro horizonte latino, y aun más preciso, en nuestros países emergentes o tercer mundista, la institución avanza cumpliendo su función – docencia, investigación y difusión de la cultura – y su rol social, específicamente en nuestro país, es mayor su obligación=compromiso=reto porque está sujeto a una determinación presupuestal y a una política pública estructurada desde escritorios sumamente lejanos de la vida y circunstancia universitaria y por personas no comprometidas con la institución=universidad y, formalmente lo limitado o escaso o insuficiencia presupuestal detiene, limita y hace dependiente, en letra y en espíritu, la autonomía.
Circunstancialmente, las políticas públicas de hace por lo menos una generación – 30 años -, a la fecha, tanto federal=central como estatalmente -, los intensos momentos o crestas de las crisis, ante excesos de demandas sociales o criterios de ajuste presupuestal o la aplicada política de austeridad y la declaración de hacer más con menos – que es algo ilógico, una falacia, un sofisma, y hasta una fake new -, lo primero que deciden, los representantes populares=gobernantes=funcionarios, ignorantes=ígnaros es recortar los presupuestos de las instituciones bases del cambio estructural: los servicios educativos y, particularmente, de las universidades públicas.
Debería o ser a la inversa – incrementar sus presupuestos por programas, proyectos y/o resultados, o por lo menos incrementar sus presupuestos o conservarlos con el porcentaje de incremento natural, generado por la inflación, pero no: utilizan=usan la tijera de la llamada, convenencieramente, austeridad, y recortan cerca del 30 % o más, de sus presupuestos, limitando su crecimiento al cancelar programas y proyectos de desarrollo y de extensión.
No es extraño que en el país, en estos momentos estén en huelga varias universidades públicas – La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM y sus planteles de Iztapalapa, Azcapotzalco, Xochimilco, Cuajimalpa y Lerma), Universidad Autónoma de Chapingo – y sus sedes y extensiones -, Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, de Saltillo, Coah., y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en todos sus planteles-sedes -, por pagos pendientes, plazas, presupuestos, cancelación de proyectos y que, sean los trabajadores sindicalizados los que salgan en defensa de sus derechos.
Ya es clásico enterarse, y ver, que los rectores de nuestras máximas casas de estudios públicas, estatales, mendigar ante las instituciones responsables de estructurar los proyectos de presupuestos de egresos de la federación, y de los estados – Congreso de la Unión y H. Legislaturas de los estados – por lo menos conservar, o un modesto incremento paritario a la inflación o la autorización de proyectos, presupuestos o programas de desarrollo institucional o presentar resultados para obtener presupuestos – PPR -, cuando debería ser usual, clásico que a las universidades públicas se les duplique el presupuestos demandado por la inflación oficial-anualizada y/o aplicar la política de PPR – Presupuestos Por Resultados -.
¿Cuándo entenderán? Es un contrasentido dejar emborrachar-alargar una huelga: ¿Cuánto cuesta una quincena en esas universidades? ¿Y en términos de formación-aprendizajes-saberes?























