Ayer viernes se conmemoró en todo el mundo, y particularmente en nuestro país y en nuestro estado, el llamado DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER y las informaciones, juicios, comentarios fotos e imágenes llenaron los tiempos y los espacios de los Medios de Comunicación.
Se hicieron y dijeron palabras y palabras, se gastaron pixeles, tinta y saliva, además, de energía y papel, pero la situación de la igualdad de la mujer en la vida social, profesional, familiar, cultural, etc., continúa igual: sujeta, dependiente.
En realidad, una cosa son las fotos, imágenes y las expresiones que se espera se digan y otra cosa son los hechos. Esas imágenes, esas fotos, esas expresiones no cambian la fría realidad: inequidad, desigualdad y dependencia.
Todos está en contra de la mujer: familia, cultura, tradición, religión, espacios laborales, ingreso, hasta ellas mismas. Tal vez esto sea lo más sensible.
Es evidente, indudable, la presencia de la mujer en nuestra vida cotidiana, partiendo de que, numéricamente, es casi un 52% de la población, mundial, nacional y estatal, pertenece al sexo femenino; las mujeres llenan casi todos los espacios.
No es audacia afirmar que no existen espacios profesionales, ocupacionales, en los cuales la mujer no esté presente. Ya no existen profesiones ni ocupaciones solo y sólo para hombres.
Igualmente es evidente, y muy sensible, que la cultura mexicana, la michoacana y la mundial, se ha feminizado. Sin embargo está espacios muy determinantemente significativos: la posición de la mujer ante la ley, ante los patrones y en la familia. Es evidente la desigualdad.
Igualmente es sumamente evidente que, paralelamente, al crecimiento exponencial a la presencia de la mujer en las profesiones y ocupacionales legales, también ha crecido su presencia en las actividades delictivas, en todas y de una manera mu y focalizada entre adolescentes y jóvenes – fuertes segmentos poblacionales 16&18 años y entre 18&35 años. Se desconoce la razón aunque existen teorías en las cuales no aparecen los indicadores de pobreza y miseria, y sí de dependencias afectivas y p0erfiles psico volitivos, de diversos factores.
Es deseable que la mujer mexicana – rural, urbana, preparada, impreparada – académicamente hablando – de todas las clases y de todos los perfiles económicos, culturales y sociales y de todas las condiciones jurídico-sociales tenga el espacio para manifestarse como lo que son en realidad: parte sustancial, significativa, necesaria e insustituible en la construcción, conformación, conservación, mejora continua y evolución de la sociedad nacional.
Y que este papel y función sea aceptada, reconocida y efectiva – POR TODOS – no únicamente un día, sino todos los días y todos los años.
Por considera valioso su perspectiva, transcribo, casi íntegra , colaboración de Jacqueline L´Hoist Tapia, publicada en RZÖN, en su edición del 07 del presente mes de marzo:
UNA FLOR EN PAPEL CELOFÁN.
La conmemoración del 8 de marzo no es una flor en papel celofán, no es un desayuno para las mujeres de la oficina con rifa de electrodoméstico, no son mensajes de WhatsApp y redes sociales, de lo dulce y delicadas que somos y de cómo los hombres no podrían vivir sin nosotras, o un Gif de flores rojas. Es la exigencia de la igualdad y de la equidad entre hombres y mujeres.
Yo trabajaba como cajera en Banca Cremi. Ahí, un 8 de marzo llegaron flores individuales, en papel celofán, una para cada una de las mujeres de la sucursal, con un mensaje del dueño del banco, que decía: felicidades hoy en t u día. La verdad, yo no e n tendí nada. ¿Por qué un día para felicitar a las mujeres?
Después, mucho tiempo después, supe lo que era el 8 de marzo; resulta que en 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que estaban reunidas en la ciudad de Copenhague, se reiteró la demanda del voto de todas las mujeres; y fue precisamente Clara Setkin quien proclamó el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora.
Hoy, Día Internacional de la Mujer visibiliza las problemáticas a las que nos enfrentamos a partir de la desigualdad entre hombres y mujeres, entre niñas y niños, entre las y los jóvenes. En el acceso a la educación, a la salud, el derecho a decidir sobre nuestras vidas , a la exigencia de un trato igualitario en el trabajo, e n la familia, en la escuela y a la eliminación de la violencia a la que somos sujetas por nuestras parejas y pro e l entorno social.
Una imaginaría que dichas diferencias no deberían existir, que hombres y mujeres, como parte de la naturaleza humana, deberíamos desarrollarnos armónicamente, pero desafortunadamente no es así. Ganamos hasta un 30% menos que los hombres en puestos iguales o similares, no tenemos el derecho a decidir sobre nuestra sexualidad y maternidad, 9 mujeres son asesinadas al día por su pareja afectiva, somos las principales sujetas a trata de personas y abuso sexual, sufrimos acoso en el trabajo, transporte público y en la calle y, si somos víctimas y denunciamos, ponen en duda nuestras declaraciones, además, de que nos toca asumir todos los cuidados del hogar.
Naciones Unidas nos invita a que pensemos en igualdad: “ Mu7jeres, hombres, niñas y niños, ciudadanos y ciudadanas del mundo, ¡únanse!
¿Qué cómo le podemos hacer para avanzar? Eliminando el lenguaje sexista de nuestra forma de hablar, reconozcamos que las mujeres, niñas y adolescentes viven abusos sexuales y violencias diversas y acompañemos sus denuncias, busquemos la igualdad reconociendo la equidad como herramienta para eliminar la discriminación.
Como se imaginarán, no me gusta que me regalen ni una flor en papel celofán el 8 de marzo, y me he convertido en una orgullosa feminista . Porque no se trata de felicitar , se trata de “ Todas las mujeres , todos los derechos”, #PlisNo Felicitar.























