El partido de la revolución   democrática enfrenta su  realidad,  fría y descarnada:

                Carece de esqueleto,  piel y órganos:  no tiene militantes, ni cuadros,  ni simpatizantes, mucho menos ideología.

                Curiosamente: todos los miembros fundadores  que sobreviven están fuera del  partido – renunciaron a él. Puede escribir=recordar los nombres protagónicos y brillantes figuras  que  usted  guste.

                Todos  los que han sido presidentes de su comité ejecutivo   nacional están fuera  del  partido: o renunciaron a él o están olvidados  por el mismo partido: Puede escribir y recordar los nombres de los  protagonistas  y  rutilantes  imágenes  y  figuras que usted guste.

                Ya no están  y ya no  tienen,  ni ellos, ni el partido,  capacidad de convocatoria

                Y lo que se suponía, esperaba y confiaba que podrían ser su nueva  sangre que lo fortalecería  y recuperaría su fuerza, representatividad, peso  y punch social, se convirtió, por alguna razón que hasta el momento se desconoce, en su peor sangría:  el Movimiento de Regeneración Nacional y  Andrés Manuel López Obrador, quien encabezando una coalición de partidos minoritarios, triunfó  en las elecciones  de julio  de 2018 y  está en el Supremo poder.

                Es indudable e inocultable que el  partido de la revolución  democrática  fue, en el reciente pasado,  pero ahora, en este  presente, ya no es nada:  de disputar la primera fuerza política nacional, ahora es la quinta, o sexta fuerza partidista nacional

                Y si en  1989, en su fundación, se  esperaba, en exceso,  de esta  fuerza partidista calificada como  de Izquierda,  un nuevo horizonte  para el país, sus errores  de  estrategia, táctica  y decisión política,  en menos  de 20 años  lo  condujeron a  su actual  postración, que ahora,  casi a   los  30 años, lo colocan ante la disyuntiva de desaparecer o refundarse.

                Carecen de todo, partiendo de ideología atractiva, socialmente atractiva, militantes y hambre  y sed de poder para servir a sus bases  y  a  la sociedad nacional; lo más malo  es que  han  repetido los mismos  errores: pactar con  el poder con la ilusión  declarada de fortalecerse – lo que  era  o un sofisma o un espejismo,  – cuando  lo que  hacían era  traici0onar a  la base, a  la militancia, pero no a  ellos, pues ellas,  las dirigencias aseguraban  su  presente y su inmediato  futuro: perdían el partido y el espacio de poder que tenían y cerraban la posibilidad tener más poder, mañana.

                Lo que fue un huracán, ahora ni fresca brisa es. Le quedan muy bien la estrofa de las Redondillas de Sor Juan Inés de la Cruz: APRENDED  FLORES DE MI.

LO QUE  VA DE AYER A HOY.

AYER MARAVILLA FUI.

HOY SOMBRA MÍA  NO SOY.