
Son dos palabras aparentemente iguales pero con significados totalmente diferentes y aún cuando supongo que no se encuentran registradas en el diccionario de la Real Academia Española, al menos en nuestro país, ya son de un carácter cotidiano y no muy fácilmente se comprende el significado de estas dos palabras.
El “Guachicol” original, es un fermento que se produce de la mezcla del jugo de la caña de azúcar, al que se le adiciona agua, piloncillo, cascaras de naranja y jugo de la misma fruta, que tomado en demasía llega a provocar una liviana “borrachera”.
Wikipedia, esa infinita e inteligente enciclopedia, nos indica que esta palabra Huachicol, tienen su origen en las antiguas civilizacionesdel Continente descubierto en 1541, es propia de nuestras pasadas culturas y que representa una larga , delgada y flexible vara que era la utilizada como gancho y con ésta descolgar las frutas de árboles gigantescos como los zapotes o los mameyes.
El “guachicolero” actual, no tiene nada que ver con el corte de frutales, pero sí con el robo de gasolinas, diesel y petróleo, mismo que extraen de los ductos de la que fuera la primera y gran industria nacional manejada por el Estado Mexicano, hoy calificada como una empresa desarticulada por gobiernos corruptos y antinacionales.
Los guachiculeros, son diferentes a los ya mencionados guachicoleros, pues los primeros están compuestos de administradores “fifís”, esos de pipa y guantes, que con las reformas constitucionales realizadas, casi acabaron con la principal empresa mexicana, misma que había sido rescatada de las manos de extranjeros por el General Lázaro Cárdenas del Rio, en el año de 1938, para ponerla al servicio de los mexicanos.
No nos sorprendería en lo absoluto que en las investigaciones que se estén, o se hayan realizando sobre el origen de este magno robo a la Nación, se encuentren los huachiculeros; es decir, los altos directivos que por la petrolera nacional han pasado, y sólo par recordar, señalo que en la Torre B de PEMEX, el 31 de Enero de 2013, ocurrió una explosión supuestamente debido a la acumulación de gases en el sótano del edificio ubicado en la delegación Miguel Hidalgo, en el antes Distrito Federal, provocando el fallecimiento de 37 personas y 126 lesionados.
Los que nos quemamos fácilmente con el atole, considerábamos que el “accidente ocurrido” terminaría con la información oculta de las “enormes travesuras” que diferentes directivos de la empresa nacional venían realizando. Desde luego que el edificio fue desalojado y pata “evitar mayores daños” no dejaron entrar ni a la aprensa, por la peligrosidad.
El presidente en turno, Enrique Peña Nieto, escribió para la prensa lo siguiente, cito: He ordenado a las autoridades correspondientes implementar los protocolos de rescate y la investigación minuciosa de los hechos. “La prioridad en este momento es atender a los lesionados y salvaguardar la integridad física de quienes ahí laboran…”
Emilio Lozoya, quien fuera director de la misma empresa, indicó: “Mi más sentido pésame a todas las familias de los trabajadores de Pemex que han perdido a sus seres queridos por la explosión de hoy”.
Pero de las investigaciones correspondientes a la explosión y quema en el sótano, fueron silenciadas y ahora se considera que hay pájaros muy gordos en el alambre y que los huachiculeros han participado en el huachicoleo. .























