Hoy es el 365 día del año 2018.

Esta noche es la llamada Noche Vieja.

El año que hoy termina no dejó, como país y como sociedad, muchos sinsabores y muy pocas alegrías, como sociedad, sin embargo y se va o se fue.

¿Qué nos dejó?

Como sociedad, como nación, como país, acaso lo único rescatable fue la realización de elecciones constitucionales para la alternancia en el gobierno federal – Poder Ejecutivo - y la completa renovación del poder Legislativo – 500 diputados federales por ambos principios y 128 Senadores de la República, también, por ambos principios – la validación de sus resultados y la respuesta de las instituciones. 

Concretamente, en nuestro país actuaron sus instituciones. Decidimos nuestro destino social en las urnas y no en las calles y al hacerlo en las unas mostramos bastante civilidad. Como nación, como sociedad, como Estado llevamos más de 100 años que nuestras instituciones republicanas – los tres poderes de la Unión – se instalaron en tiempo y forma, tal como lo ordena nuestra Constitución Política.

Esto es mucho más importante que el resultado de los mismos procesos.

Dado que 2018 es, prácticamente un año viejo, pasado, qué nos dejó a nosotros, como sociedad, como algo realmente extraordinario: con el triunfo de la oposición de Izquierda – la coalición encabeza por el partido MoReNa y sus asociados – Partido del Trabajo – PT – y Partido Encuentro Social – PES –, algo así que fue una revoltura ideológica, más que una estructura ideológica de Izquierda – se dio un profundo mentís a los juicios que ponían en duda la fortaleza de nuestro 3 poderes, particularmente, la debilidad de nuestro poder Ejecutivo, por la muy sencilla razón de que en los tres anteriores procesos, quienes resultaron triunfadores lo fueron con la fracción minoritaria MÁS GRANDE y con menos del 40% de los votos emitidos a su favor, razón por la cual se pensó que quien resultó triunfador – titular del Ejecutivo Federal – tenía debilidad institucional y, se dijo así, y hasta se tejieron teorías sobre eso y lo llamaron GOBERNAR CON MINORÍAS. El proceso de 2018 fue algo extraordinario: el triunfador, lo hizo con el 53% de los votos recibidos en las urnas y, absolutamente lo respaldaron más de 30 millones sufragios a su favor.

Otro hecho resultante fue que se manifestó la tercera alternancia de nuestra vida política contemporánea.

Recordemos: en 2000, la Vicente Fox Quesada, candidato del PAN y su continuidad con Luis Felipe Calderón Hinojosa, fueron la primera – y de la llamada DERECHA. La de 2018, con Enrique Peña Nieto, candidato del PRI, fue la segunda y de algo que se puede decir del CENTRO. Y ahora en el 2018, con la coalición encabezada por Andrés Manuel López Obrador, sucedió la tercera, de a autodenominada Izquierda, con lo que, además, se prueba la llamada LEY DEL PÉNDULO, que se comprueba en Europa – casos de Alemania, España, Portugal, Italia, Inglaterra, Irlanda, Francia, Grecia -, en donde las naciones han sufrido por gobiernos socialmente ineficaces y políticamente improductivos, lo que motiva, mayoritariamente, a los electores a pasar por los tres estados-posiciones ideológicas: del Centro, a la Derecha; regreso al Centro; a continuación, a la Izquierda y retorno al Centro o directamente a la Derecha, con la consiguiente inestabilidad política social y desequilibro político.

También se puede comprobar en nuestra América: en los Estados Unidos –con Donald Trump; en Brasil –con Jair Bolsonaro -, en Chile – con el regreso de Sebastián Piñeiro; en Argentina, con la llega de Mauricio Macri. En Perú, con el retorno dela dinastía Fujimori y su posterior destrucción

¿Sucederá lo mismo en nuestro país?

Es muy pronto para saberlo, pero será determinante la eficacia en el gobierno, los resultados socialmente productivos y la honestidad y cumplimiento de lo prometido, acabar con la corrupción, la impunidad, la inseguridad y el desempleo.

Otro hecho que nos dejó este 2018 fue que desde una generación no se había manifestado un respaldo político al titular del Ejecutivo con la mayoría de representantes populares de su partido-coalición: la mayoría natural en ambas cámaras, con las cuales puede proponer todos los cambios que se proponga, siempre y cuando no necesite la Mayoría Calificada – las dos terceras partes de ambas cámaras, pues no las tiene, aunque se haya quedado en pocos dígitos y hasta en décimas, pero no tiene la Mayoría Calificada para efectuar todos los cambios constitucionales que se proponga.

Por otro lado, el hecho político de que un partido político hubiera conseguido aplastante mayoría, comprueba, una ocasión más, que nuestras instituciones están sanas y vigorosas y que quienes afirmaban la debilidad institucional, confundían con la debilidad – político social de las personas y su carencia de representatividad social.

Aquí el colectivo nacional – el pueblo – mostró su sabiduría, su experiencia y no le concedió totalmente el poder absoluto a su presidente. Con este contundente triunfo el partido gobernante – MoReNa -, de hecho, quedó dueño del campo y de la arena política, sin oposición político-partidista.

Algo realmente inédito fue que la administración de Peña Nieto, prácticamente dejó la administración del país y desde el 4 de julio se gobernó por inercia. Parecía que el poder estaba entregado al presidente electo, olvidando aquella máxima que sostenía que el presidente de la República lo es hasta el último segundo del último día de su mandato, hecho político realmente extraordinario, como si la alternancia hubiera sido pactada el mismo día primero de julio.

Es bastante pronto para efectuar valoración de lo realizado por el presidente que se fue – Enrique Peña Nieto -. Aparte de que no es el lugar ni el tiempo para realizarlo. Esperaremos que el tiempo y la Historia coloquen a cada quien en su lugar y en justa dimensión.