El gobierno boliviano, presidido por el indígena aimara Evo Morales, tomó una decisión  de política económica y nacionalizó la energía eléctrica, curiosamente en manos de empresas españolas – que les ha ido como en feria: nacionalizan su petrolera Repsol YDF, problemas financieras con posibilidades de no pago de sus obligaciones soberanas, derrotas deportivas – futbolísticas de primer nivel – y ahora la pérdida de sus activos en la energía eléctrica de ese país sudamericano.

Claro que esta medida fue poco aceptada pos los países cúpula del neoliberalismo y por los empresarios  internacionales, además son naciones con  sociedades  con otra cultura administrativa, con otra visión de gobierno y de Estado, con sociedades con mayores ingresos y con mayores y mejores niveles de educación y más abiertos a las ideologías y, finalmente, con otro nivel de ingreso y con contrapesos gubernamentales para las contingencias  naturales y económicas.

Así Bolivia se sumó al momento de psicosis nacionalista en estos tiempos contemporáneos iniciado Venezuela, continuado por  Argentina y ahora prolongado por Bolivia.

Pero vayamos al punto: Bolivia es el país con mayor números  – absolutos y proporcionales – de pobres y de miserables de América Latina; el país con menor bajo ingreso per cápita de esta América Latina y uno de los países del mundo  y de Latinoamérica con mayores reservas probadas de gas; uno de los países latinos con los números más bajos de cobertura de los servicios educativos y por consecuencia  con el promedio de escolaridad más bajo en esta