El último domingo de octubre, en la hermana república sudamericana de Brasil, la nación más grande, el coloso económico de Sudamérica y la primera economía de América Latina, mediante el formato de la llamada Segunda Vuelta, eligió a su presidente.
El nuevo presidente de Brasil es Jair Bolsonaro, ex militar y representante de la extrema derecha brasileña.
Con el resultado de esta elección, se confirman dos mecanismo políticos de ajustes: cuando una ideología hecha partido, llega a poder y no satisface a las mayorías que lo condujeron al poder – que lo ungieron – se da un giro de timón, hacia la ideología opuesta.
En este caso, con Jair Bolsonaro, la sociedad brasileña muestra que se cansó-decepcionó-hartó de los políticos representantes de la llamada Izquierda – Dilma Rousseff, depuesta como presidenta de la República y, en esta elección, candidata no electa al senado de la República y Luis Inacio Lula Da Silva, en prisión en Curitiba, purgando una pena de 12 años y meses, porque la Corte-Tribunal lo encontró culpable de corrupción -, que gobernaron por casi vente años, dieron a los trabajadores, y pobres y miserables, subsidios y disminución de impuestos para que salieran de esa condición económica (Y según sus cuentas, más de 30 millones de brasileños si salieron de la miseria y de la pobreza) y que condujo a Brasil a una crisis económica y social, caracterizada por desempleo, alto costo de la vida, complementada por altísimos índices de inseguridad y creciente devaluación y le concede esta oportunidad a los protagonistas políticos de la Derecha – ni siquiera del Centro -.
El otro mecanismo de ajuste político es repetir lo que sucedió en Italia, Grecia, Portugal, Francia, Alemania, España, Argentina, Guatemala, Chile, Colombia, Ecuador, etc. : rechazar los gobiernos socialmente improductivos que no los escuchan y concederle su confianza temporal a otra visión y otra percepción política.
Jair Bolsonaro ofreció disminuir impuestos a los empresarios y regresar a los niveles económicos y de seguridad pública del siglo pasado y regresar y conservar los valores tradicionales nacionales.
La sociedad brasileña, con esta elección, muestra que está dispuesta sacrificar un poco de sus libertades, por la solución de la crisis social y económica y mejorar su condición de sobrevivencia y calidad de vida.
Ojalá que estén lo cierto.























