Finalmente, el resultado de la llamada consulta pública sobre la definición de la ubicación del llamado nuevo aeropuerto de la ciudad de México, ya es de sobra y de todos conocidos: el 69.5% de lso que respondieron a la convocatoria para dar su opinión, decidió que se suspendieran las obras y se construyera esa obra en la base aérea de Santa Lucía.
Este resultado no fue nada nuevo. Era de sobra conocido, anunciado y hasta esperado.
Y las reacciones de todos no se hicieron esperar y como vivimos en un mundo regido por las llamadas leyes del mercado, el peso sufrió una inicial depreciación cercana al 5% – se vaticina que a medida que se acerque el primero de diciembre, será mayor, y la deuda nacional con el extranjero se incrementó en más de 166 mil millones de pesos – el país tiene una deuda soberana de billones de dólares -.
Si bien estas depreciaciones son una presión para las finanzas nacionales, lo verdaderamente grave es que las nuevas autoridades federales estén mandando señales de que no respetarán las leyes, los acuerdos, lo firmado, como los contratos de obra, las inversiones y se muestre que se está en contra de todo y contra todo.
Todo lo anterior, en un sistema político económico que tiene como base la especulación, el hecho de romper las reglas escritas, genera desconfianza y certeza hacia el Estado mexicano y sus actos de gobierno, esto por un lado.
Por otro, y con los mismo hechos y efectos, genera, no únicamente en los protagonistas políticos – partidos políticos y actores de y en la política y en la sociedad nacionales desconcierto pues se ignora cuál será la actitud del futuro gobierno federal y si utilizará el ejercicio de las consultas públicas para la toma de decisiones en política pública, pues este formato de la democracia participativa inmediata, fractura un sistema político democrático de instituciones y de leyes y el Estado de Derecho.
Finalmente, este ejercicio , llamado democrático, no cubrió lo establecido en los artículo 35 y 36 constitucionales, por lo cual no puede ser vinculatorio para efectos de política pública y, cuantitativamente, únicamente acudió a emitir su voto=voluntad menos del 2% del padrón nacional y, tomando como referencia la cantidad de sufragios que le dieron el triunfo al hoy presidente electo – más de 30 millones de votos -, superó un poco el 2% de los ciudadanos que le dieron el triunfo, lo cual debe llamarles la atención, con el agregado de que aceptación social ya bajó un 10% – ya tuvo desgaste sin ejercer el poder.
Aun falta mucho para el 1° de diciembre e, igualmente, faltan demasiados hechos de política que se darán para que el presidente electo jure y proteste como titular del poder Ejecutivo Federal=presidente de la República. Por el momento todo es acercamiento al real ejercicio del poder, que ya tiene efectos perjudiciales para la sociedad nacional.























