Hoy, domingo 28 de octubre, en la hermana república sudamericana de Brasil, más de 147 millones de ciudadanos brasileños con sus derechos políticos en vigor, decidirán el futuro inmediato de su país y de su sociedad.

En este domingo último de octubre el electorado brasileño acudirá a las urnas para definir quién será su próximo presidente de la República, en virtud de que en el primer domingo de este mes Jair Bolsonaro – de la llamada Ultra Derecha Liberal Brasileña – no logró en las urnas el voto mayoritario – el 50%+1 – (llegó hasta el 47.3%)) y Fernando Haddad, heredero de Luis Inacio Lula Da Silva y el segundo candidato con la mayor cantidad de votos recibidos, del Partido de los Trabajadores, ya no, en la práctica, en el poder, pero técnicamente sí, pues el actual presidente Michel Temer sustituyó por ley a la depuesta Dilma Rousseff, trabajaron políticamente en una campaña política de tres semanas y se presentarán, ante el electorado brasileño en la llamada Segunda Vuelta y será presidente de la República – su poder Ejecutivo – el candidato que resulte con la mayoría de votos, sea cual sea la cantidad absoluta, y relativa, que reciba.

Brasil está en una severa crisis política – no únicamente partidista, sino también social: el país está dividido y enfrenta altos niveles de corrupción que cubre a los empresarios, a los políticos y a los partidos, así como alta y creciente inseguridad, grave desempleo y muy sensible inflación – y deberá decidir entre dos opciones, le llaman la alternativa del Diablo:

Opción Bolsonaro (Jair), que significa perder un poco y algunas libertades, a cambio de mayor seguridad, más justicia, más empleos, más trabajos y control de la economía, con el ofrecimiento de bajar los impuestos a las empresas – de 34 15% -, disminuir la carga tributaria para que los que pagan mucho, ahora paguen menos, privatizar las empresas estatales – entre ellas PETROBRAS y gobernar a favor de los mercados. Aquí no habrá más lugar para la corrupción.

Opción Haddad (Fernando), que significa mejora de la calidad de vida por medio de los programas sociales, controlar la inflación por medio del Banco Central Brasileño, interviniendo en el Tipo de Cambio, además de menos impuestos a los que ganan menos y recortar el interés bancario y un desarrollo comprometido con el ambiente, además de promover una nueva redistribución de la riqueza, vía impuestos y programas asistencialistas

Brasil, al igual que los países neoliberales manifiesta una concentración de la riqueza en muy pocas manos – absoluta y relativamente -: en la base piramidal, los más, en el centro, la clase media A – que se está empobreciendo -y la clase media B – los ricos – que se está adelgazando y, la cúspide, los poderosos e inmensamente ricos, que controlan los grandes corporativos.

Hasta horas antes de la apertura de las casillas, la ventaja en la intención del voto del candidato Bolsonaro disminuyó y se situó en 57%, mas continúa adelante, y Haddad, se colocó en 43%. El margen de error es del 2%. Lo cierto es que sociedad brasileña está dividida.