En la época de las últimas elecciones presidenciales mexicanas, yo era una estudiante fascinada con América Latina. Aunque había visitado el continente varias veces, seguí y entendí las elecciones desde la distancia: no sólo físicamente sino también conceptualmente. Haber vivido la mayoría de mi vida hasta entonces en países donde la democracia era no sólo una institución sino un valor fundamental, donde la política es relativamente amable, y nadie duda los resultados de las elecciones, me fascinaron los eventos en México en 2006.
Ahora, viviendo en México, las palabras “política” y “democracia” tienen otras connotaciones. Yo pensé que la mayor amenaza contra la joven democracia mexicana podría ser una repetición de 2006: la falta de confianza en los resultados de la elección. Sin embargo, la experiencia viviendo aquí me ha enseñado que no es así: el principal reto de la democracia mexicana es la vida cotidiana, los muchos días, semanas, meses y años entre las elecciones.
La democracia no se limita al voto. La verdadera democracia es algo que se practica todos los días. Si los mexicanos no piden más y se ven contentos con la votación de vez en cuando, vamos a seguir viendo debates como el del domingo. Me emocionó el debate. Mejor dicho, me emocionó que por fin iba a haber un debate, por fin íbamos a escuchar las propuestas de los candidatos y no sólo sus spots y sus letreros. Por fin iba a haber sustancia y no sólo lo que en mi país llamamos el efecto teflón (una apariencia brillante de una sustancia vacía donde no se pega nada). Durante el debate no sabía si reírme o llorar. Sobre todo me indignó este insulto contra la inteligencia de los mexicanos: esa no es la democracia.
Una propuesta política no es un ataque contra los demás candidatos. Una propuesta política no es prometer resultados (eso debería ser un hecho). Una propuesta política es dibujar una hoja de ruta para el electorado: una propuesta política es el cómo. ¿Por qué no existe esto en México?
Cuando la personalidad del candidato es más importante que la causa (o más extremo, cuando no hay causa, sólo personalidad), cuando no importa mucho qué se dice sino cómo lo dice, no se puede hablar de una democracia verdadera. La democracia es la participación activa de los ciudadanos cada día. La democracia no es esperar a que los políticos entiendan cuales son las mejores soluciones y quejarse mientras no las hayan encontrado. La democracia es proponer soluciones y exigir resultados. Ser ciudadano significa poder contribuir y plantear la dirección a donde queremos que vayan los políticos. Los políticos nos proponen entonces su hoja de ruta, y escogemos la que nos parece mejor. Durante los siguientes años exigimos los resultados que nos prometieron y que sean eficientes y honestos.
La democracia no es esperar fielmente las respuestas (y qué respuestas…) de una persona que quiere ser líder. La democracia no es un concurso de belleza ni de riqueza. La democracia no es tener que escoger entre mal y peor, la democracia es poder contribuir con bueno y mejor. La democracia es tan sencilla y tan complicada que se reduce a un factor importante: que todos usamos nuestra experiencia y nuestra capacidad de razonar, de pensar independientemente, y de poder ver adelante hacía el futuro. Todos podemos y debemos contribuir para hacer que la democracia sea la esencia de la vida cotidiana, y no sólo el voto. Sólo así podemos seguir adelante y no repetir las equivocaciones del pasado.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Maestra en Desarrollo Social de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Investigando temas de desarrollo social, drogas ilícitas, el régimen de prohibición y la guerra contra las drogas, crimen organizado, violencia y migración. Investigadora con varias instituciones a nivel internacional, en México, Inglaterra, y Tailandia con la ONU, la Universidad de Cambridge y el gobierno de Tailandia. Pasaporte noruego, mentalidad internacional, corazón mexicano. Correo electrónico: [email protected] Twitter: @kari_jacobsen
Inicio Escritorio del Editor La democracia mexicana: no sólo joven, también inmadura Por: Kari Jacobsen

























