En los días finales de septiembre sucedió, en la ciudad norteña de Monterrey, un hecho de sangre que tuvo como marco-escenario un encuentro deportivo, específicamente futbolístico, entre grupos de aficionados de los dos equipos que forman parte de la primera división del fut bol mexicano, Monterrey y el equipo representativo de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

El hecho fue que un grupo de hinchas de aficionados de los Rayados de Monterrey se encontró con otro grupo de aficionados del Universitario; se hicieron de palabras, se armó la persecución, hubo el enfrentamiento, saldo de aficionados golpeados y uno que otro herido, uno de ellos de gravedad. Se dieron las atenciones médicas necesarias y obligadas y tan tan, pero

Los medios informativos – tradicionales y contemporáneos, viralizado en las llamadas redes sociales – la hicieron monumental. Se puso el grito en el cielo, cuando en realidad fue una zacapela, como suceden infinidad de ellas en nuestros espacios deportivos, por una serie de circunstancias que no vienen al caso ni es el lugar ni el tiempo para presentarlas.

Siendo lo más objetivos posibles el altercado se presentó a cuadras, tal vez kilómetros, del estadio; no fue en el umbral de uno de ellos; ahí, en tierra de nadie y de todos, las directivas deportivas de los equipos deportivos nada tuvieron qué ver; fue, en lo general un asunto de seguridad pública del fueron común, que conduce a valorar el grado de estabilidad o inestabilidad que tiene el humor social, el coraje, la insatisfacción, el rencor contra nadie y contra todos.

Por otro lado, los empresarios de los equipos deportivos están obligados a aplicar reales medidas de control y acceso a sus espacios deportivos, pues bastante importa que los espacios deportivos, el espectáculo sea un centro de distracción, recreación y esparcimiento familiar, o individual.

Es curioso, pero es agradable ver el comportamiento de los asistentes a los espacios deportivos de nuestros vecinos del norte: totalmente civilizados, con todo y que venden cerveza, pero se ofrece en envases de plástico. Hace un poco de tiempo, en los Países Bajos e Inglaterra+Irlanda+Escocia, fueron azotados por una temporada de violencia de los calificados como Hooligans, que se resolvió con la determinante imposición de medidas de control y, finalmente, directa actuación de las fuerzas de seguridad, tanto en las afueras de los espacios deportivos como dentro de ellos y, además, fueron vetados determinados aficionados, personalizados.

¿Será muy difícil implantar y operar acciones semejantes? La tranquilidad lo vale.