Nuestro sistema político electoral no es perfecto, pero sí perfectible.
Nuestras prácticas político partidistas, igualmente, tampoco son perfectas, y sí perfectibles.
De un sistema político históricamente, desde 1929, cerrado y dominado por un partido – partido revolucionario institucional -, hasta el abiertísimo pluripartidismo actual; de un partido gobierno=partido en el gobierno hasta el gobierno de minorías y con mayorías artificiales construidas para que el país y su sociedad avance; de una ley electoral regida por el Estado a un sistema político electoral ciudadanizado, en donde el Estado gobierno es únicamente espectador y testigo, nos muestra que si nuestro sistema político partidista, nuestro encaje legal y nuestras instituciones políticas y jurídicas han cambiado, transformándose en lo que ahora son, más ciudadanizadas y perfectibles es porque el mismo poder,, por las razones que hayan sido y sean, decidió cambiarse y ha autorregulado, auto normado.
(Posiblemente por la dinámica de los tiempos, las circunstancias de la evolución de la política mundial, de los partidos, internacionalmente, y de cada sociedad y su circunstancia.)
Muestra de la dinámica de nuestra sociedad y de su demanda constante de mejorar, la figura de los representantes de las minorías – vieja idea propuesta de Mariano Otero, allá por |1854 -, llamados representaciones populares por listas regionales o de circunscripción regional=de partido, tuvo la magnífica intención de otorgarla voz y voto a las minorías sociales y así fue entendido por todos los protagonistas políticos, básicamente los partidos políticos y sus cúpulas y todo iba bien, pero se cayó en el abuso y exceso, pues ahora se utiliza para cumplir compromisos partidista, pagos de facturas político-partidistas, heredar posiciones a familiares consanguíneos y políticos y para balancear los pesos y contrapesos en las respectivas cámaras de representantes o, finalmente, para llevar a las representaciones a personalidades que directamente, en las urnas JAMÁS habrían ganado un proceso electoral por Mayoría Relativa.

Así nos enteramos que las llamadas Juanitos- Juanitas en este proceso que terminó el primero de julio, hicieron gala del abuso y del exceso: representantes populares a las dos H. cámaras del H. Congreso de la Unión y a los H. Congresos locales de los estados, por ambos principios – de Mayoría Relativa y de Representación Regional – con la constancia de Mayoría extendida pro al autoridad electoral competente, renunciaban para dale el espacio a otras personas, que ni eran conocidas ni tenían imagen, ni peso político…¡unos verdaderos desconocidos! O en el mejor de los casos, se declaran diputados federales, diputados locales, y hasta senadores independientes, porque así estaba acordado con las cúpulas de los partidos.

Si bien es cierto que en la democracia mandan las mayorías, estos hechos políticos deben redirigirse y regularse: el representante popular que renuncie al partido que lo llevó al poder, también debe renunciar a la representación popular, aunque se defina-categorice como independiente y, además, la figura de representantes populares por e l principio de representación regional debe cumplir su función, o desaparecer, porque se cayó en vicios que en nada coadyuvan a nuestras prácticas políticas y sistema político electoral.