Ciertamente están sucediendo dos cosas, una resultante de la otra y la inicial por diversas causas:
Una, el crecimiento exponencial de la delincuencia en todo su abanico de singularidades y su consecuencia, relativo, pues, la actuación de las comunidades en defensa de sus intereses sociales, comunitarios: cobrarse ojo por ojo= hacer justicia por su propia mano y castigar a los encontrados culpables y someterlos a un juicio sumarísimo y castigarlos: o golpes y atarlos a postes, árboles con su respectivo letrero calificativo estigmatizándolo o, escasamente, entregarlos a las autoridades o linchamiento.
La causa inicial de la delincuencia no se conoce ni se conocerá jamás y ni es el espacio para demostrar los resolutivos de las investigaciones y conclusiones, pero sí es evidente la carencia de valores de respeto a la autoridad, a la propiedad ajena, al derecho y la notoria ausencia de valores sociales que posibiliten una mayor y mejor convivencia, pero lo que sí se conoce y es evidente, sumamente evidente y sensible la incompetencia, inhabilidad, inexperiencia y desconocimiento de las autoridades para ofrecer seguridad a la sociedad, lo que define a gobiernos – municipales, estatales y federales – ineficientes, ineficaces y malos.
Uno de estos casos en los cuales la comunidad se hace justicia por su propia mano – como en la obra dramática de Lope de Vega, Fuente Ovejuna, época medieval -, sucedió en la comunidad de San Vicente Boquerón, municipio de Acatlán de Osorio: un grupo de pobladores de la comunidad citada detuvo a dos personas, que anteriormente habían estado disfrutando sus alimentos acompañándolos con cervezas; pagaron y se retiraron, subiéndose a su camioneta, más, acusados pro voces anónimas, los bajaron de la camioneta y, acusados – sin comprobar su delito (de secuestrar a dos niños – como roba chicos ), fueron incinerados estando vivos, a pesar de la actuación de elementos de seguridad del municipio de Ocotlán de Osorio, pues aunque aquéllos, para su protección los llevaron a la cárcel municipal, se tocó a rebato en las campanas de la iglesia del lugar y más de 200 comuneros los sacaron de la prisión y se los llevaron y amarraron a unos postes, les rociaron gasolina y les prendieron fuego y, vivos, fueron quemados.
Y otros hechos parecidos a éste sucedieron en buena parte de la geografía de Puebla: en Teziutlán- Libres-El Sabinal, San Simón Yehualtepec, Oriental, Puebla y así como estos hay más y faltaría espacio y páginas para señalar los hechos de comuneros de actos de justicia por su propia mano.
La sociedad nacional está harta de la impunidad y de la omisión, complicidad, ineficiencia, incompetencia e impotencia de los tres órdenes de gobierno ante estos hechos delincuenciales. Y es malo y negativo que esto suceda, pero la población desea seguridad y está dispuesta a recuperarla a cualquier precio, aunque sea haciendo justicia comunalmente.























