En todo el territorio nacional los caballos del Apocalipsis galopan a cielo y pradera abiertas, pero en este momento son dos los que corren a campo traviesa sin obstáculo alguno; el de la inseguridad y el de la corrupción. Ningún grupo, círculo social, económico, ocupacional, profesional, condición económica y física, etcétera, escapa a la delincuencia y a la inseguridad; ni uno. Todos han sido golpeado por ellos dos.

Si el presidente electo, como afirma, que recorrió todo el país y conoce la geografía nacional, y si tiene sensibilidad política, percibió que la tranquilidad es el clamor principal de toda la sociedad nacional y esta misma sociedad confía en la materialización de sus palabras: cualquier cosa se hará para traer la paz a esta sociedad.

Pero aquí está el asunto y el problema: no es fácil.

Está ofreciendo una única, sola, opción: PERDÓN Y OLVIDO.

Y la mayoría de quienes han sido víctimas de la delincuencia y tocados por la inseguridad dicen: NI PERDÓN. NI OLVIDO.

Aunque el criterio del presidente electo y de la señalada como futura secretaria de Gobernación, la ex ministra Olga Sánchez Cordero, respaldan el perdón y, pero, no al olvido.

Mas, en la práctica, en el universo de los lastimados por la violencia, por la inseguridad, por la delincuencia, tendrá cabida el perdón aunque no olviden…Eso, ¿de qué les sirve?

Lo que está tras de todo este esquema es la valorización de nuestro esquema de justicia…

O la administración y procuración de la justicia, de acuerdo con nuestro encaje legal.

O la amnistía, como si viviéramos, tuviéramos, una crisis social, tipo Colombia, Guatemala, Chile, Argentina…que, realmente, NO ES EL CASO, y ¡qué bueno que es así, NO ser el caso!,

O un perdón y olvido ,como ni nuestro país y nuestra sociedad estuvieran saliendo de una crisis de gobernabilidad, política y social y sea necesaria una reconciliación nacional, como en España pos Franco o en Bosnia, después de la guerra secesionista, o en Chile, después de Augusto Pinochet, o en Argentina, después de la dictadura de los Generales, en donde fue necesario pactar un acuerdo para perdonar, no olvidar, pero no castigar, para, con el acuerdo, iniciar la reconciliación y la paz para retomar el ritmo de la sociedad y salir del conflicto que destruyó a las sociedades, a las instituciones y al Estado.

La pregunta obligada es: ¿La delincuencia significa, es un reto para la gobernabilidad y el Estado de Derecho? ¿La delincuencia le disputa al gobierno las instituciones, el poder político?