Otra vez, o nuevamente, los jóvenes estudiantes universitarios chilenos salen a manifestarse a las calles de sus principales ciudades en demanda de lo mismo que el año pasado: reforma educativa, una educación gratuita y una educación de calidad. En las manifestaciones estudiantiles del año pasado, contaron con el respaldo de los sindicatos de profesores de las universidades y de los gremios de trabajadores chilenos.
Y hasta el momento, la respuesta es la misma del Estado, del gobierno, de Sebastián Piñeira: NO a la reforma educativa como la demandan sus estudiantes.
El miércoles pasado, 16 del presente mes de mayo, unos 100 mil jóvenes chilenos participaron y se manifestaron de manera pacífica en la Segunda Gran Marcha Estudiantil del año, en demanda de cambios estructurales en el sistema educativo vigente en Chile. A juicio del presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, la convocatoria a la marcha y la respuesta, superó la primera manifestación – y a las últimas del año pasado – del 25 de abril pasados: 80 mil personas.
Noam Titelman, presidente de la Federación afirmó que el Movimiento Estudiantil exige cambios estructurales al sistema educativo, ante las soluciones de parche que a su juicio, ofrece el gobierno de Sebastián Piñeira, a quien acusó de invalidar a los estudiantes como interlocutores y, amplió: El Ejecutivo no ha ofrecido ni una invitación y lo que es más lamentable, el ministro de Educación, Harld Beyer, ha planteado que ÚNICAMENTE ESTÁ DISPUESTO A CONVERSAR SOBRE LAS DELIMITACIONES DE SU PROPUESTA. Y expresó: EL PROBLEMA ES QUE NOSOTROS ESTAMOS PLANTEANDO TEMAS QUE N I SIQUIERAQ APARECEN EN LA PROPUESTA DEL GOBIERNO SOBRE EL TEMA DE LA REFORMA EDUCACIONAL.
“EL PROYECTO DE REFORMA TRIBUTARIA Y LA PROPUESTA PARA SACAR A LOS BANCOS DEL SISTEMA DE FINANCIAMIENTO UNIVERSITARIO, JUNTO CON EL RESTO DE LAS MEDIDAS PARA EL SECTOR, NO APUNTAN A LOS PROBLEMAS DE FONDO”.
En la hermana república andina de hile, la Educación – elemental, secundaria, preparatoria y superior – está en manos de la iniciativa privada – particularmente, la iglesia católica – y los jóvenes que desean estudiar en los niveles medio y superior solicitan becas al sistema bancario y deben pagarla la deuda a intereses sumamente altos. Las escuelas públicas, pocas considerando la demanda, y son consideradas de mala calidad, en comparación con las del sector privado.
La lucha va para largo y ya lleva dos años.
¿Qué debe pasar y cuánto se debe pagar, socialmente hablando, para que cambié un poco la estructura del sistema educativo de Chile?
Como del seguro nadie está seguro, eso lo veremos con el correr de los días.






















