Mucho comentamos los problemas que hoy aquejan a nuestra sociedad: inseguridad, violencia, falta de valores, adicciones, trastornos de todo tipo y… podríamos continuar con una larga lista; sin embargo, poco nos detenemos a analizar la fuente medular del bienestar de las personas –o la falta de éste-: la familia, como el lugar por excelencia de las primeras y más significativas vivencias y aprendizajes.
Nos horrorizamos al ver lo “descorazonados” que están algunos actores de la vida pública o social, pero ¿hemos volteado a ver a nuestros hijos? que no se nos olvide que los adultos de hoy no son otra cosa más que el resultado de las experiencias acumuladas durante su niñez y juventud.
Por lo tanto, si queremos que nuestros hijos sean personas de bien, fuertes, sanos emocionalmente y felices, que logren direccionar el rumbo de sus vidas y de este mundo hacia la verdadera felicidad, justicia, paz y bien común, los papás necesitamos HOY ponernos las pilas y asumir la responsabilidad y los retos de la educación de nuestros pequeños, pues los cambios en la dinámica social, económica, laboral y afectiva de los hogares, han ocasionado que dejemos el tiempo con ellos en segundo plano. Para ello se nos brindan los siguientes consejos prácticos:
1.- Dile a tu hijo que lo quieres. No asumas que lo sabe; díselo siempre que puedas, a diario.
2.- Demuestra este amor con hechos. No son necesarias las cosas materiales: el amor se demuestra con atención, buen trato, afecto. Evita los golpes, los insultos, las burlas.
3.- Escúchalo. Date al menos 10 minutos diarios para que te cuente sobre su día –por insignificante que te parezcan sus anécdotas-; esto generará confianza y ayudará a que el día de mañana te cuente sobre asuntos serios de su vida y recurra a ti como primera opción.
4.-Hazle saber que crees en él. Ayúdalo a confiar en sus proyectos, a saberse capaz de lograr lo que desea si se esfuerza lo suficiente; Tony Meléndez, artista sin brazos, cuenta que aprendió a tocar la guitarra con sus pies sólo porque sus papás jamás le dijeron que no podría hacerlo y mostraron confianza en él.
5.-Enséñale a ser honrado y disciplinado. Estas virtudes serán la base para que sea un hombre o mujer de bien; para eso, tú debes comenzar poniendo el ejemplo.
6.-No confundas amor con amistad. Eres su padre, no un amigo más. Amigos tendrá muchos, padres sólo ustedes. Necesita aprender de ti la fortaleza y recibir reglas claras que moldeen su conducta. Maneja consecuencias para sus acciones negativas; muchos niños con problemas de conducta mejorarían su desempeño con el simple hecho de que mamá o papá les impusieran reglas firmes.
7.-Muéstrale siempre que tu pareja y tú son un equipo. Muchos adultos se contradicen o incluso se insultan frente a sus hijos; esto les resta autoridad ante sus ojos y le enseña al niño a ser convenenciero y, dependiendo la situación, irse con quien más le convenga. Mantengan una postura firme; si no están de acuerdo, vayan a una habitación separada, platíquenlo y rectifiquen después, pero juntos, siempre como equipo. Si alguien más integra la ecuación en su crianza -abuelos, tíos, etcétera- apliquen todos esta misma regla.
8.-Enséñalo a ahorrar y a trabajar por aquello que quiere. Los papás hemos caído en el error de darles, materialmente hablando, todo lo que nos piden, sin importar nuestro nivel socioeconómico. Poco se les enseña ahora a ahorrar, a realizar pequeños trabajos con familiares o vecinos para ganar su propio dinero y así valorar el esfuerzo que esto requiere y poder comprar lo que desean. No nos sorprenda entonces que al ser un poco más grandes opten por las salidas rápidas y fáciles para conseguir dinero, o que no muestren la disciplina suficiente para mantenerse por mucho tiempo en un trabajo estable.
9.- Enséñale que su mejor competencia será siempre consigo mismo. Motívalo a superarse a sí mismo, no lo compares con los demás -ni siquiera con sus hermanos-, y mucho menos lo enseñes a estar al pendiente y criticando “al vecino”. Muchos adultos nos desgastamos criticando y vigilando a quienes nos rodean en lugar de invertir tiempo en nosotros mismos. Una mentalidad triunfadora se educa autoevaluándose y superándose, no gasta su precioso tiempo hablando mal o vigilando a quien tiene a un lado. De hecho, enséñalo a tender su mano a todo el que pueda, si tiene la oportunidad.
10.- No le des “todo lo que tú no tuviste”. Cuando hacemos eso, se corre el riesgo de caer en excesos y carencias (por ejemplo, si tú sufriste serias carencias económicas y entonces ahora te dedicas a darte absolutamente todo lo que pide, lejos de “evitarle sufrimientos”, lo estás volviendo holgazán y malcriado); tu hijo no es igual a ti y sus tiempos, gustos y necesidades son otros. DALE LO MEJOR DE TÍ; ésa es la medida correcta.
Recuerda que el mejor patrimonio que puedes dar a tus hijos es hacerlos sentir amados, fuertes, seguros y que cuentan con tu atención; el bienestar social se construye desde cada hogar, y nadie mejor para realizar dicha tarea que Tú.
@yoinfluyo

























