Como es de sobra conocido nuestro país en el año de 1993 firmó un tratado comercial con Canadá y los Estados Unidos, que fue ratificado por los respectivos poderes legislativos de los tres países y entró en funciones con el primer minuto del año 1994.
Previo a su operación se afirmaron infinidad de cosas fantásticas, muchas de ellas medias e3mntiras, medias verdades y sofismas, pero la realidad fue, y es, que la economía preponderante, los Estados Unidos era, fue y es el ganón, seguido por Canadá – que es la puerta de entrada-salida de los productos del reino Unido -; nuestro país era el productor de materias primas; ciertamente hubo mucho movimiento en ambos sentidos de materias primas y productos terminados, pero, en nuestro país se empoderó un hecho ya clásico: salía más barato, rentable y mejor importar que producir – granos básicos y carnes (rojas, de escama y de pluma) – – y con esto se le dio al traste a los productos agropecuarios nacionales y se encarecieron los productos que eran baratísimos como el aguacate, la zarzamora, la fresa; es muy cierto bajaron de costo muchos productos electrónicos y línea blanca, así como la ropa y hasta los automóviles, pero se encarecieron las refacciones.
Total, una cosa por la otra.
A veinticinco años de su vigencia se propuso su revisión y en eso están los tres países, mas está la presencia de un factor que distorsiona todo; el 42° presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que como buen hombre de negocios y del espectáculo, ha estado tratando de chantajear a sus otros dos socios y con el pretexto de que el TLC-NAFTA generó el déficit en su balanza comercial con ambos países y que provocó la pérdida de millones de empleos, ha tuiteado que se saldrá del TLC y ese tipo de declaraciones han auspiciado la especulación económica y dado al traste con nuestra moneda y se venda ya más allá de los 21 pesos por un dólar.
Pero curiosamente, quién perdería más, mucho más que sus otros socios juntos… ¡Son los Estados Unidos!
Según el diario norteamericano The Wall Street Journal, si los Estados Unidos deciden salirse del TLC-TLCAN-NAFTA, se pone en juego 21.1billones de dólares de comercio entre los tres países, así como 840 mil millones de dólares de inversión en las industrias automovilística, de alimentos y agricultura.
Según el diario, sin el TLC, el comercio entre los tres países se regiría por las reglas y aranceles acordados entre los miembros de la Organización Mundial del Comercio – OMC – lo que significan impuestos promedio de 3.5 % de Estados Unidos; 4.1% de Canadá y 7.0% de México, lo que se traduce en que los gravámenes serán especialmente altos para el agro, un gran golpe para los agricultores estadounidenses.
Si Trump decide abandonar el Acuerdo debe proporcionar un aviso formal de intención de retirarse y luego comp0letar el retiro seis meses después y podría buscar acuerdos bilaterales con sus dos vecinos y ex socios.
Trump, como buen negociante, no es tonto y está alardeando de retirarse de algo que a todas luces le conviene ciento por ciento.























