El 42° presidente de los Estados Unidos, Donald Trump está jugando una carrera de velocidad y de resistencia – algo así como la prueba de atletismo de 800 metros planos o con vallas -: de velocidad, en cuando, simuladamente, por ganarle a todas las instituciones Federales norteamericanas que lo están investigando – tanto por la Trama Rusa, como por sus excesos sexuales, antes de ser candidato a la presidencia de la República, como por sus acciones para embrollar-desvanecer-desaparecer las investigaciones y entorpecer con esto, la acción de la justicia – y que podrían llevarlo al juicio político, llamado impeachment y, eventualmente, separarlo del cargo.

Y de resistencia por su desmedido afán de tener, ante la opinión pública, sobre todo la televisiva, varios frentes para atraerla, ganársela y subir en los ratings y ser aceptado aun más; algunos de ellos, son los siguientes, como su verborrea con la finalidad de chantajear con el TLC, con las relaciones comerciales con China y con la Unión Europea, así como el montaje de teatro de la nueva relación diplomática con Corea del Norte – la que llevó a algunos entusiastas seguidores a proponerlo para recibir el Premio Nobel de la Paz -, cuando este tipo de relaciones – muy especialmente ésta, que ridiculizó al gobierno norteamericano triunfador en la II Guerra Mundial – están determinadas por la historia política; otro su inclinación-hábito por usar el tuíter como gatillo de sus decisiones político administrativas, que algunas han evolucionado a políticas públicas; uno más, su chantaje político comercial con Canadá y con nuestro país para obtener más ganancias comerciales en la revisión-renovación del TLC, a casi 25 años de su inicio; otro más, las declaraciones contra la caravana de inmigrantes centro americanos indocumentados y su obsesión por construir el muro fronterizo entre su país y el nuestro; es larga la lista de espera de estas acciones de resistencia – pues su única fuerza – como Hombre mediático que es.

Pero el cerco se está cerrando y el empuje al abismo toma más fuerza: el pasado 16 del presente, el comité de inteligencia del Senado de los Estados Unidos respaldó las acciones de las agencias de inteligencia al refrendar sus conclusiones de que Rusia interfirió en las elecciones del 8 de noviembre de 2016.

El presidente y vicepresidente del Comité de Inteligencia, Richard Burr, senador Republicano, por Carolina del Norte y Mark R. Warner, Demócrata por Virginia, en un comunicado conjunto afirman: El esfuerzo ruso de ayudar a Donald Trump y perjudicar a Hillary Clinton fue amplio, sofisticado y ordenado por el propio presidente Vladimir Putin. Declaración que contradice la resolución final de la Cámara de Representantes, de mayoría conser4vadaaora.

Y el Comité judicial de la Cámara difundió más de 2500 páginas de la transcripción de las comparecencias a puerta cerrada, de Trump Jr. Y otras personas que participaron en junio de 2016, reuniéndose, en New York, con una abogada rusa, quien fue presentada como “abogada del gobierno ruso y como parte del apoyo de Rusia y de su gobierno a Trump (¿¡!?)”.