Desde su nacionalización y pasada la II Guerra Mundial, la naciente empresa mexicana, Petróleos Mexicanos – PEMEX – estuvo en la lista de objetivos de lo que ahora se llaman Las Siete Hermanas, que son las compañías, no únicamente productoras, sino también, las grandes comercializadoras y controladoras de los precios internacionales del mercado internacional de hidrocarburos.
Desde ese momento, y usando como blindaje las circunstancias económico-políticos externas e internas aguantó los ataques de los pulpos extranjeros y salió airosa; todo eso fue antes del neoliberalismo económico; mas cuanto este formato llegó al poder mexicano con Miguel de la Madrid Hurtado, la trayectoria de PEMEX fue dando ligeros cambios hasta llegar a los llamados contratos incentivados, que son una vía que lleva a particulares a participar en la exploración y extracción, así como a la transportación y traslado del crudo y sus productos industrializados: gas, combustibles y derivados petrolíferos -. Hasta el fin de la administración de la abundancia PEMEX siguió siendo mexicana o de los mexicanos, porque ahora ya el lema está cambiando: oficialmente ES MEXICANA. SE ESTÁ CAMBIANDO EL NOMBRE PARA QUE SEA DE LOS MEXICANOS. Parecen palabras sin importancia, pero son significados diferentes que atacan la esencia de la empresa.
Actualmente está en la mesa de la opinión pública la INTENCIONADA DISCUSIÓN sobre una acción, totalmente peligrosa para que la empresa eje, base de la economía e ingresos fiscales del país, participe en la llamada Bolsa Mexicana de Valores.
La intención del grupo en el poder es abrir PEMEX a los inversionistas privados, porque NECESITA RECURSOS, QUE VENDRÍAN A RESOLVER LA DIFÍCIL SITUACIÓN FINANCIERA DE LA INDUSTRIA PETROLERA Y DE LA PARAESTATAL PEMEX.
Todo es una TOTAL MENTIRA.
Si PEMEX realmente necesitara dinero, y no fuera otra la intención del grupo en el poder y diferente el formato económico en el poder, habría una reconversión de los presupuestos financieros y no se canalizaría tanto dinero al fisco y sí a la empresa. Pero no se nota, por lo cual es falso que PEMEX necesite dinero para sus acciones de exploración, explotación y comercialización; si realmente PEMEX necesitara dinero, no debería tener un cliente que le compre a precios preferenciales la mayor cantidad de su casi 2 millones de barriles diarios que le entrega a los Estados Unidos y sí venderlos a los precios de la oferta y la demanda diaria.
Económica y políticamente es y será un error – monumental error – que PEMEX SE ABRIERA A LA BOLSA MEXICANA DE VALORES. ESTARÍA EN JUEGO LA SOBERANÍA MEXICANA DE LA EMPRESA Y SE SUJETARÍA A LOS VAIVENES DE LA ESPECULACIÓN INTERNACIONAL.
Es deseable que el grupo que dirigirá la política económica nacional a partir del primero de diciembre del presente año, tenga una visión que permita dinero a PEMEX SIN PERDER SU SOBERANÍA, CONSERVAR SU LÍNEA DE ADMINISTRACIÓN Y GOBIERNO Y CONTINUAR SIENDO EL EJE DE LA ECONOMÍA NACIONAL.






















