El pasado 5 de mayo, aparte de conmemorarse el CLVI aniversario de la batalla de Puebla, en 1862, en donde las armas nacionales, al mando del Gral. Ignacio Zaragoza, se vistieron de gloria al derrotar en las cañadas cercanas a Puebla al ejército francés, considerado en ese momento el mejor ejército del mundo, también se cumplió el XXIX aniversario de la fundación del partido de la revolución democrática, que en ese momento aglutinó a los llamados liberales, intelectuales renombrados, de izquierda, y a la oposición, interna, al partido en el gobierno y gobierno en ese momento, el partido revolucionario institucional y al presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado.
En ese histórico momento, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, con el apoyo estructural del Partido Socialista Unido de México – PSUM – cuyo presidente nacional era Heberto Castillo, con varios políticos como Porfirio Muñozledo, Enrique González Pedrero, Carlos Monsiváis, Ifigenia Martínez y cientos más, dieron forma, cuerpo y piel a la pulsión que era una enorme y fuerte fuerza opositora al régimen del partido único, que como antecedente político, como Frente Democrático Nacional se había presentado a la elección federal constitucional por la presidencia de la República -1988-1994 – y salido derrotada, en una elección históricamente cuestionada.
En esa época el partido de la revolución democrática – PRD – era una fuerza que llenaba plazas, calles y barrió casi con todo; fue gobierno en varios estados y municipios, fundamentalmente en la ahora ciudad de México y en sus 16 delegaciones – próximamente municipios, y en estado como Tlaxcala, Baja California Sur, Michoacán – nuestro estado que fue cuna suya -, Guerrero y algún otro más, como actualmente Tabasco, pero…
Después de una serie de escándalos políticos que mostraron su sed y codicia del dinero y de poder por el poder mismo, de malas administraciones y de ejemplares vinculaciones con la delincuencia, el PRD, otrora fuerza, huracán político, involucionó hacia una atomización partidista y fuga de militantes.
Prueba de lo anterior es que ninguno de sus fundadores permanece en sus filas; ninguno de sus presidentes nacionales está entre sus militantes y casi todos ellos quedaron manchados por actos delictivos y de mala administración, dejando como rastro un cochinero como botón de muestra de su negro pasado.
Lo que más le ha afectado ha sido, no haber logrado la presidencia de la República, ser sinónimo de corrupción y cogobierno con la delincuencia, los escándalos de impunidad y cohecho=robo y la sangría que le significó la separación de Andrés Manuel López Obrador para fundar MoReNa.
Una hecho singular es que el actual PRD ha matado a la llamada Izquierda y se desconoce cuál será su futuro después del inminente 1° de julio; se ignora cuál es su verdadero peso, fuerza y representación política como institución partidista individual, sin estar en alianza o coalición.
Muchos estudiosos, analistas y sociólogos anticipan su desaparición como partido político nacional, quedando únicamente como partido regional, estatal.
Si el PRD tuvo futuro y con él la llamada Izquierda, se ignora qué sucederá después del 1° de julio. Un hecho que se confirmará es que perderá el gobierno de la ciudad de México, la mayoría de las alcaldías de esa ciudad y, muy posiblemente, no obtenga más de 100 diputaciones federales y unos 32 senadores, por ambos principios. Perdió el respaldo popular.






















