En este día, histórico y tradicional, la gran mayoría de los trabajadores organizados serán los dueños de las calles más importantes de las ciudades más importantes del estado, y del país: recuerdan los hechos sangrientos, guardados por la Historia, los cuales varios héroes anónimos entregaron el máximo sacrificio – su vida – en defensa de algunos ideales que ahora se disfrutan como garantías y derechos laborales: jornada de ocho horas, un día de descanso, salario igual – para las diferentes categorías y grupos escalafonarios-gremios laborales -, no trabajo para menores de 16 años, vacaciones, anual repartición de utilidades, vacaciones, derecho de huelga, prestaciones sociales – como la médica, habitacional, médica – y laborar en condiciones higiénicas, además de cursos de capacitación y actualización y superación profesional, sin olvidar el establecimiento y funcionamiento de escuelas de educación básica y, sin relegar al olvido, el derecho a la organización sindical para la defensa de sus derechos.
Este día, en nuestro país, como en casi todo el mundo occidentalizado, los trabajadores – todos somos trabajadores – festejarán haber alcanzado y disfrutar de sus derechos y olvidan las circunstancias que las que actualmente viven: el salario-percepción laboral que reciben por su fuerza de trabajo – no alcanza para satisfacer las necesidades elementales de la familia: si bien el llamado salario nominal es alto, el salario real – su capacidad de compra es muy limitado y si se compara lo que se compraba hace casi cincuenta años – la casi desaparecida Canasta Básica- se notaría la diferencia, en contra del actual salario nominal y real.
Sin embargo todos están felices, por una razón muy simple: tienen trabajo y tienen un ingreso=salario=percepción y con prestaciones, por lo menos el 65% de la planta laboral nacional.
En nuestro país, este día – 1° de Mayo – es un escaparate de la visión y percepción gubernamental sobre la clase trabajadora: el interés que se tiene de ellos.
A partir de la administración presidencial de Miguel de la Madrid Hurtado, el trabajador dejó de ser prioritario para el Estado; en ese pasado – todos las administraciones presidenciales de Miguel Alemán Valdés a la fecha – 1982. Cincuenta años, casi dos generaciones – el trabajador fue un protagonista de la historia nacional y así fue considerado, porque la política social, electoral, consideraba necesario una política de masas y de cuadros y el factor fuerza de trabajo=trabajador – fue considerado como determinante en la producción de bienes y servicios; con la evolución de los modos económicos, esa correlación de fuerzas cambió y ahora, el poder público considera que el elemento determinante es el factor capital=patrones y los trabajadores no son considerados prioritarios, salvo como fuerza, como si no fuera necesario estar frente a las máquinas.
El trabajador tiene como única opción para defender sus derechos la organización sindical, la fuerza de la unión sindical.























