Por años, acaso por siglos y milenios, a partir de que la Iglesia Católica, rito romano de occidente, llegó al poder, se conservó y lo acrecentó, sus ministros, potestades, sacerdotes, abades, obispos, arzobispos y cardenales han abusado del poder, bien sea político, económico, social y cultural; generó y participó en guerras, que fueron calificadas, dogmáticamente, como santas, por la recuperación de los Lugares Santos – origen de las cruzadas medievales – o firmaron concordatos – que fueron justificados o no, pero se hicieron cómplices, de la vista gorda – como el de S.S. Pío XII con el nacionalsocialismo – Nazismo de Alemania=Hitler – que dejó hacer y dejó pasar las bestialidades de los campos de concentración, la acción antisemita=judíos y el holocausto.

Todo se guarda en la memoria histórica de la sociedad y jamás podrán ser, ni olvidados ni perdonados.

Mas existe un hecho que los usos y las costumbres dejan, también hacer y pasar, como normales, porque eran intocables, impronunciables: el abuso de menores por sacerdotes, ministros de culto, dignidades y potestades de la Iglesia Católica.

Lo llamaron pederastia. Abuso de menores – acólitos, estudiantes, seminaristas y feligreses, bien sean de una mismo género/sexo, en escuelas, templos, conventos, abadías, hospitales y/o en cualquier establecimiento administrado y dirigido por representantes de la Iglesia Católica. Eso esta usual, intocable, acostumbrado y, podría pensarse que era una distinción…contaban con la protección de todos los círculos de las jerarquías católicas y políticas. Son célebres los casos de señalamientos y de complicidades, que descienden desde muy arriba, que por el miedo a los castigos terrenales y/o celestiales pasaban y se dejaban hacer y sin castigo.

Pero las circunstancias cambian y esta situación también cambió: la sociedad alzó la voz y miles de voces clamaron justicia y fueron ablandando la torre de marfil y desde arriba de las mismas potestades y jerarquías del clero se inició el señalamiento, la estigma y el cambio: ya no hubo protecciones – o por lo menos en el mismo número – y se iniciaron las denuncias penales, las condenas, las penas y los castigos.

Uno de los últimos casos es el siguiente: el sacerdote Jorge Raúl Villegas fue sentenciado por un juez a purgar una condena de ¡90 años! Y siete meses de prisión por el abuso sexual de dos menores de edad, alumnas de un colegio de la ciudad de Guanajuato. Es la primera ocasión que en Guanajuato se logra una sentencia por este tipo de delitos.

Jorge Raúl Villegas, quien fue vocero de la arquidiócesis de León hasta 2012, enfrentó un juicio por los delitos de violación calificada, abusos sexuales, corrupción de menores y hostigamiento sexual en agravio de dos menores víctimas. Se informa que, por lo menos, existen tres casos más que están en proceso de investigación.