La política mexicana y sus prácticas partidistas han evolucionado, desde sus inicios bárbaros hasta la época digital, la actual.
Muy seguramente el siguiente paso serán las boletas electrónicas y los resultados electorales en tiempo real.
Junto a esta evolución, se han ido relegando, no olvidando, varias de esas prácticas, representativas de la barbarie política, que pasaron por la modernidad hasta llegar a la ciudadanización y su digitalización, actuales.
Muchas de esas prácticas – como el robo de urnas, el Ratón Loco, el embarazar urnas, el carrusel, la alquimia aritmética, el reventar-tronar casillas, elegir integrantes de casillas electorales, albazos en los resultados, -alterar-robar la documentación electoral, cambiar la dirección-ubicación de la casilla, etc., etc. ya son parte de la picaresca y del museo de prácticas electorales.
Lo mismo que expresiones muy cazurras, muy propias del tiempo y circunstancias, como la respuesta a la pregunta: General – Gonzalo N Santos -, ¿sabe lo que es la moral? La respuesta ha quedado en la memoria y registrada en la historia de la política lírica, no universitaria: ¿Un árbol que da moras?
Recientemente, el martes 27 del pasado marzo, se pronunció una frase de este tipo, en una reunión – casi intranscendente, sino fuera por la frase inoportuna – de ex presidentes del comité municipal del partido revolucionario institucional de Morelia.
“Vamos a hacer lo que tenemos que hacer para ganar.
Y ahí incluye todo:
Desde pegar un botón…
Hasta matar a un cabrón…
Como dijeran los mapaches políticos, ahora somos operadores.
La frase es – fue – de Mario Tzintzún, legendario mapache, operador político que ha servido en varias campañas políticas y a varios protagonistas político electorales, en casi todo el país.
Si bien es cierto existe un clima social muy sensible en todo sentido, particularmente en lo referente a la inseguridad, sería una salvajada e incongruencia resolver nuestras diferencias en la disputa por el poder, con crímenes. Sería una regresión histórica, y electoral.
Estas palabras, esta frase generó ámpula y risas y fue motivo del llamado viralismo en las famosas redes sociales, pero, finalmente, debe ubicarse en el museo de las prácticas políticas y de la picaresca político partidista electoral…





















