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El dato es absolutamente real, y para ser sincero es lo esperado en este México nuestro. ¿Cuál es la capital de Francia?, le pregunto a un alumno promedio de una secundaria publica promedio; “Italia”, me responde con rapidez. ¿Y la de los Estados Unidos? , “No lo sé” admite con cierta pena. Insisto y en un breve interrogatorio corroboro que sus conocimientos no avanzan mas allá de saber cual es la capital de México; “México” responde triunfalmente.

¿Caso de excepción?, lamentablemente no, la educación en México desde hace años se encuentra en uno de los niveles más bajos en el mundo.  En las actuales condiciones resulta imposible pensar en competir con cualquier país de Europa Occidental,  Japón o con nuestros vecinos del norte, los Estados Unidos. Siendo realistas, por nuestro nivel, mas bien nos ubicamos junto a los países subsaharianos, esas naciones tan adelantadas y progresistas como lo son  Sierra Leona, Guinea,  Nigeria, Togo  y Camerún; aunque no todo es felicidad, en algunas materias escolares estos “avanzados” países nos llevan cierta delantera.

El problema es viejo  y parece ser que a nadie le interesa resolverlo de fondo. El gobierno, del color que sea, no ha sido capaz de articular algo útil para remediar esta tragedia. Programas van y programas vienen y los resultados siguen siendo los mismos. ¿Cuantas cosas fallan?, por lo pronto en estos días estamos viviendo la violenta y cavernaria respuesta de ese esperpento, concebible solo en México, que es la CNTE, impresentable estructura encargada de arruinar la muy escasa calidad educativa en México. Estos agresivos “democráticos” (¿Sabrán que es eso?) han hecho hasta lo imposible para evitar que la calidad de los maestros pueda ser evaluada. No lo aceptan, y para ello utilizan los mas disparatados  argumentos, tan idiotas que ni ellos se los creen.  La realidad es que saben perfectamente que la gran mayoría de ellos son incapaces de aprobar el más laxo de los exámenes. ¿Conocer su  nivel de motivación o su vocación?, no es necesario examen alguno, su vocación es inexistente.  ¿Cumplimiento del calendario escolar?,  nulo,  el calendario es  tan solo un referente simbólico. ¿La calidad de las escuelas y sus instalaciones? Algunas buenas, otras malas y muchas malísimas. ¿El nivel educativo de los alumnos? Va de malo a pésimo en su mayoría.

¿El gasto en Educación?, es un barril sin fondo y con múltiples boquetes que hacen naufragar el presupuesto que sea.  Eso independientemente de que hay que pagarles a maestros aunque no trabajen  y que existen miles de “maestros” que llevan   años sin pararse en una aula, por las más peregrinas razones, desde sindicales hasta los que el  publico  conoce como “aviadores”

Ya ni queremos llevar la cuenta del numero de días perdidos por culpa de las “marchas”  “plantones” “protestas” “paros” y otras razones que un dia si y otro también esgrimen los maistros.   Es ya parte del panorama cotidiano  ver  las escuelas  publicas cerradas  y tapadas sus entradas con  mantas  y  letreros con  diversos reclamos, casi siempre  con una ortografía deplorable.

Con semejantes estructuras educativas y con “maestros” de este jaez, ¿qué podemos esperar de los alumnos?  Pues lo que tenemos, infinidad de niños y jóvenes con una pésima educación y algunos escasos ejemplos de buenos alumnos, varios por méritos individuales y de su entorno familiar y otros por haber sido apoyados por algunos de  los ya escasos maestros con verdadera vocación y preparación que sobreviven  en el hostil ambiente magisterial. Esa es nuestra realidad, nos agrade o no. El resultado final es una educación deficiente, que si bien nos va, quizá  nos permita competir con alguna de las teocracias del Asia menor.

¿Y que puede hacer el común de los ciudadanos?  Si los padres de familia tienen  dinero pueden optar por una buena escuela privada. Si no, mal negocio. ¿Esperar a que nuestras autoridades, en especial las de origen perredista, corrijan el desastre educativo?, primero se congela el infierno. ¿Aplicar la ley a  personajes nacionales como Elba Esther y a los obtusos, limitados y muy agresivos “lideres” de la corriente democrática?;  jamás lo van a hacer, y menos los “amarillos”.  Los maistros pueden tranquilamente quemar lo que quieran, bloquear lo que sea y golpear a quien les estorbe o les resulte incómodo; saben que no hay ley aplicable para ellos. Es mas, tienen a algunos amanuenses que justificaran lo injustificable, (un saludo a los de este periódico).

Evidentemente el miedo paraliza a nuestros  funcionarios cuando se trata de tomar decisiones.  Debemos recordarles -a todos- que para ser un buen gobernante es necesario tener las tres “C”: Cabeza, Corazón y Cojones, estos últimos bien puestos.