Para nadie que radique en el estado, en cualquiera de sus municipios y/o en cualquiera de las ciudades sean del tipo, población y corte estructural económico y cultural que sea, es ajeno el asunto de la seguridad y para ser más preciso, de la inseguridad.

La falta de seguridad – la inseguridad – en cualquiera de las formas que adopte – extorsión, secuestro, robo con violencia, robo patrimonial, asesinato, heridas resultantes de arma blanca o de fuego, pago de piso, etc., etc. – ha tocado a todos los grupos económicos y sociales; profesionales, ocupacionales, sexo, género, edad y grupo poblacional, etc., y no existe un intervalo social-cultural que no haya sido víctima de la inseguridad; lo curioso es que lo que en una generación era muy raro, ahora es frecuente: escuelas, centros de trabajo, cajeros automáticos, iglesias, templos, robos en la calle y el narcomenudeo, así como el huachicoleo.

No es errónea la afirmación del titular del Ejecutivo estatal al afirmar que el tema de la seguridad es un asunto de percepción; si lo dice él que siempre está rodeado por círculos de protección y blindaje, qué dirá la gente de Juan Pueblo que cuyo únicos blindaje y protección son el grosor de su ropa y el poder de una chapa y llave. Carece de más círculos y formaciones diamantes que lo protejan y cuiden.

Hablar de estadísticas sale sobrando y en nada benefician, pues lo único que deseas, cuando sales al trabajo, a la escuela o a cumplir obligaciones y responsabilidades y/o visitar a la familia, es regresar.

¿De qué sirve afirmar que ha mejorado el índice de seguridad en éste y aquél apartado, si te toca la inseguridad y de una forma tan inesperada como intensa?

Es muy cierto, la inseguridad es un asunto social y, lamentablemente al Estado, ante el fracaso de todos los agentes sociales, empezando por la familia, siguiendo con la escuela, continuando con la religión, continuando con la autoridad, la política, las instituciones y las corporaciones policíacas municipales, le corresponde actuar por necesidad y responsabilidad y obligatoriedad, pues es la última barrera.

Si el Estado se desbordado, más allá está el caos y la Ley de la Selva.

Es obligación de todos los grupos sociales, de todos los sectores de la sociedad, atacar la inseguridad, empezando en la familia sembrando los valores de convivencia social, respetando las normas y formando con el ejemplo; siguiendo con la escuela, formando ciudadanos respetuosos de las leyes, de las propiedades y de la autoridad; la religión consolidando el respeto a los valores de la convivencia social y la autoridad administrando y dirigiendo las prioridades con honestidad, como ejemplo de la ética pública: el respeto a la ley, mas, si el gobierno es el primero en violar la norma, ese ejemplo sirve, como zapa y pernea las estructuras y capas sociales, favoreciendo el estado de cosas y con ello la corrupción, la inseguridad y la impunidad. ES TAREA DE TODOS, JALAR PAREJO, EMPEZANDO CON EL ESTADO