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Los secretarios de educación del país confirmaron, este viernes que apenas pasó, que la Evaluación Universal para Docentes arranca en este ciclo escolar, con el primer examen a realizarse en dos fechas: junio 24 y julio 6.
¿Por qué se dio una batalla campal sobre este asunto? ¿Por qué, si ya les dieron prácticamente todo lo que quedaba en las exhaustas arcas de sus respectivos estados, los dirigentes de las secciones de Oaxaca, Michoacán y Guerrero siguen en paro y están dispuestos a bloquear en esta semana la prueba para los niños, ENLACE?
Vamos por partes. La Evaluación Universal es un mecanismo de diagnóstico. Con cuatro componentes (un examen, los resultados de los alumnos en ENLACE, la observación de la práctica en el aula y los resultados de cursos de actualización), la idea es identificar las fortalezas y limitaciones de los maestros, y verificar que el refuerzo focalizado, individualizado para cada maestro, dio fruto. Se denomina universal porque está pensada para todo maestro y directivo de educación básica sin excepción; tooodos han de ser evaluados, incluyendo los profes de educación privada.

¿Y qué, eso no se hacía antes? No, por increíble que parezca. Las evaluaciones a los maestros en servicio fueron, hasta ahora, voluntarias. A los que les interesaba ganar más dinero, se sometían a un examen y otros puntajes en la denominada “Carrera Magisterial” (CM). Pero para entrar, había que “meter papeles” año con año, presentar las pruebas y requisitos, y esperar que un año y medio después, como en tómbola, salieran los resultados y se copeteara el sueldo. Los investigadores demostraron que el mensaje al maestro es confuso, porque el aumento puede estar más relacionado con el tamaño de la bolsa de dinero que ese año hubiera aprobado la Cámara; de esa manera, un año no tan brillante sí te puede dar el cambio de categoría salarial, pero el siguiente –con más galleta de tu parte como maestro- no te colocó en los afortunados. Pero lo peor es que no está relacionado con ninguna mejora en el aprendizaje de los niños. Por otro lado, a los que les interesaba más tener un diagnóstico de qué tan filosos estaban de verdad, presentaban voluntariamente el “Examen Nacional de Actualización para Maestros en Servicio”; de regreso, te llega una nota de diagnóstico y una propuesta para seguirte formando. Pocos, alrededor de una quinta parte de los maestros actuales, han presentado y pasado con nivel adecuado dicho examen.
¿Para qué sirve evaluar a los maestros? Para lo mismo que sirve evaluar a los alumnos: para identificar los avances, para localizar limitaciones, para focalizar la atención y el apoyo que cada uno necesita; para rendir cuentas de los esfuerzos y los logros.
Todo niño tiene derecho a contar con un maestro que sea un educador profesional. El maestro es un servidor público designado para concretar la responsabilidad del Estado en el ejercicio de ese derecho fundamental. No puede ser un improvisado, un burócrata congelado en el tiempo, alguien que simula o suplanta al auténtico profesional.
¿Por qué entonces aquí coincidieron la cúpula del SNTE y la Coordinadora, con ganas de sabotear esta pieza de política pública? El SNTE, aunque pactó realizarla y juró por su madre que está a favor de la calidad, le dio frío en el contexto electoral. Hubieran preferido llegar tersos al 1º de julio y consolidar su sombra electoral en todos los partidos; hacer demostración de fuerza, ningunear a su ahora desechable aliado el Gobierno Federal y venderle al siguiente régimen lo que “la ineptitud e irresponsabilidad del anterior gobierno no logró”. Así iba el guión. La Coordinadora aprovecha para oponerse a la Evaluación Universal, porque se pactó con el SNTE; de paso, pide la cancelación de la Alianza, la ley del ISSSTE…ya te sabes las consignas. De nuevo, apostarle a la demostración de fuerza: casetazos en sus estados, refrescadas a los gobernadores (aunque todos respondieron solícitos a las demandas de salario), campamento en la Capital.
En el fondo, lo que no les gusta es el mérito individualizado: institucionales y democráticos, “charros” y “desestabilizadores”, como se motejan los sindicalistas de una u otra afiliación, detestan que los maestros crezcan por sí mismos. ¿Cómo saber qué le falta a cada uno para ser el mejor maestro con el que podemos contar, si todavía las Normales no son, en su enorme mayoría, garantía de una formación sólida y actualizada (en contra del torpe argumento, esgrimido en Chiapas, de que ya están titulados); si todavía toleramos que se vendan o se hereden las plazas (o hasta se confirma oficialmente, en contramarcha a la historia, como en el extremadamente vergonzoso caso de Guerrero); si el avance de cada maestro en salario y prestigio no se gana en el aula, sino en la marcha y el plantón, o en la comisión sindical o electoral, en una base cotidiana de sometimiento a líderes impresentables y de temor a represalias? El dilema es: Aula o Jaula. Mérito como educador, o clientela sometida.
Por eso, sigamos firmando en www.depanzazo.mx. 185 mil ciudadanos decimos que sí a al evaluación. Para que cada maestro cuente, pidamos resultados escuela por escuela, maestro por maestro.