Si bien es cierto, que el perfil que tenemos como nación, como sociedad, como economía emergente – hace 24 años éramos un país en vías de desarrollo – es lo mismo, únicamente que ahora es más moderno – es igual a los de los demás países emergentes o en vías de desarrollo e incluso que como los sociedades de los países más ricos del mundo – siete de todo el mundo Estados Unidos, China, Inglaterra, Alemania, Japón, Francia y Suecia -, a nosotros nos preocupa porque sucede en nuestro país, en nuestro territorio, en nuestra sociedad:
1° Enorme concentración en pocas manos de la riqueza producida.
2° Imparable inequidad en la distribución de la riqueza.
3° Empobrecimiento de la Clase Media;
4° Adelgazamiento de la clase Más alta.
5° Gradual aumento de la clase pobres y del incremento del porcentaje de grupo de miserables. En otras palabras: crecimiento de la pobreza y de la miseria.
Estas cinco cualidades se le atribuyen al modelo del sistema económico globalizado o neoliberalismo, pero esos han sido la tónica, lo característico del sistema económico imperialista, así que eso no es significativo de a quién echarle la culpa. Desde la creación de las sociedades siempre se ha desarrollado el afán de ganancia y mientras más haya, ¡Mejor!
En una sociedad como la nuestra, caracterizada por los cinco puntos anteriormente señalados y atados a los modelos de salarios rígidos y donde no puede darse una ganancia anual superior al doble de la inflación – un 7/8%, máximo -. Vamos, hasta del 10%, no puede construirse una ganancia superior, pero
Si la hay: el sistema bancario nacional – donde el 85% de los bancos son extranjeros, de patente extranjera – en el 2017 – el año pasado -tuvo ganancias superiores al 26% anual, en promedio entre todos los bancos del sistema.
Y esto es posible por la Carta Blanca que tienen los bancos de cobrar, y caro, por servicios simples y sencillos, como la consulta de saldos, los intereses por mora, el interés compuesto, por la expedición de tarjetas de crédito, entre otros muchos servicios bancarios.
¡Ah! Y el Estado, gobierno, no dice nada, porque recibe el impuesto de todos los servicios que hace cada uno de los bancos del sistema financiero nacional.
Curiosamente, no hay nada ni nadie que proteja a los usuarios de los servicios financieros; las dependencias federales existentes son inútiles e ineficaces ante los bancos.






















