El pasado viernes, primero de diciembre, inició formalmente el sexto año de gobierno, de la administración de Enrique Peña Nieto y, igualmente formalmente, comenzó la cuenta regresiva del último año de gobierno y legal y formalmente, dentro de un año se estará cumpliendo el ritual, la liturgia, el uso y la costumbre histórica, de Toma de Protesta del nuevo titular del Ejecutivo Federal, que iniciará formalmente ese primero de diciembre de 2018 y cubrirá toda la ruta de seis años, hasta el 30 de noviembre de 2024, pero eso será otra historia.

Hace cuatro días, conforme al ritual de el partido revolucionario institucional, el presidente Enrique Peña Nieto, cerró el ritual, la liturgia y el procedimiento de selección y designación del candidato del partido revolucionario institucional – su partido, el partido en el poder Ejecutivo Federal, que se diga como se diga, fue SU decisión y se cumplió formalmente con todas las costumbres y los usos partidistas: verticalmente su dedo.

Culminado de esa forma su quinto año de gobierno, cumplido el formato de designación, Enrique Peña Nieto entrará a un periodo limitado por el tiempo de terminación de su administración: todo lo que tenía pendiente se irá desahogando y saliendo: obras materiales, obras jurídicas e iniciado, como el nuevo aeropuerto de la ciudad de México y los concursos para la perforación, extracción y refinación petrolíferos, los de la llamada Cuarta Ronda – el Hoyo de Dona, las rondas finales de negociación del Tratado Trilateral de Comercio de América del Norte – NAFTA-TLC – y, muy seguramente, terminar con la Cruzada contra el Hambre y, finalmente, su administración realizará una evaluación de lo hecho, lo pendiente y los errores y sus efectos – lo que heredará a su sucesor.

Entre estas negativas herencias estarán, muy seguramente los casos transexenales, como el de los 43 estudiantes de la escuela normal rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, desaparecidos en la noche más triste de Iguala; los muertos de Tlatlaya y Yurécuaro y los escándalos de las Casa Blancas, el socavón del paso exprés, entre los más importantes y más sonados y que más daño le hicieron a su administración para desprestigiarla.

Y de las positivas herencias estarán las llamadas reformas estructurales, la reforma educativa – aunque está detenida – y la inmediata respuesta del Estado Federal ante los sismos del pasado septiembre, así como la cruzada contra el Hambre y la creación de empleos.

Aunque aun faltan 360 días, la historia final todavía no está escrita, pues Enrique Peña Nieto está obligado a realizar una transición en paz, tranquila y en los históricos tiempos marcados por los usos, formatos y las costumbres de nuestro país: el Primero de Diciembre de 2018. (No vayan a repetirse los sucesos de Luis Felipe Calderón Hinojosa y su escurridiza y a escondidas Toma de Protesta).

Que así sea.