Los políticos de este momento – seguramente los del pasado y, muy posible y probablemente, los futuros – son hombres de las circunstancias y eso los determina a decir lo que dicen, sin importar si es cierto, viable o congruente.
Y esto se comprueba aun más cuando se manifiesta, es sensible un hecho doloroso, lacerante, sensible, terrible, como el ciclo de siniestros que asolaron buena parte del centro y sur del país o los huracanes o la imparable ola delictiva.
Tal lo hagan por recomendación de los técnicos en publicidad, propaganda y psicología de masas y ofrecen esperanza de cambio, de superación para aumentar confianza en las autoridades, en el gobierno.
Viene todo este preámbulo por las recientes declaraciones sobre seguridad pública, seguridad social de nuestro titular del ejecutivo estatal.
En dos momentos muy especiales – uno de ellos en la ahora llamada Zona Económica Especial -: declaró “SE ACABÓ LA TREGUA A LA DELINCUENCIA. ACAREMOS CON ELLOS. NO LES DAREMOS RESPIRO”.
Es muy posible y probable que producto de las circunstancias y con el deseo de ofrecer lo que no se tiene, se dijo eso, pero los grandes consorcios internacionales tienen su propio servicio de información y su contenido es frío y descarnado y, además de real, eso por un lado.
Y por el otro, ¿por qué se tuvo una tregua? ¿Con quiénes? ¿Quiénes intervinieron en ese pacto? ¿Quién los autorizó?
La otra expresión fue: TUVIMOS UNA RACHITA DE INSEGURIDAD, PERO ACTUARON LOS CUERPOS DE SEGURIDAD Y SE RESOLVIÓ.
Se desconoce a qué tiempo, temporada, días o circunstancia de tiempo fue eso y dónde, en qué lugares se sufrió esa rachita. Sucede que no hay registros de una mayor actividad de los cuerpos de seguridad pública…si no se cuenta ni con el 30% de los elementos de seguridad estatal o municipal, ¿cómo van a actuar, cómo van a ser eficaces? Y por otro lado, estas rachitas no son de tres o cinco días ni de una semana.
Son rachitas de 365 días al año y las 24 horas de cada día.
A la inversa: no ha sido posible que los cuerpos de seguridad tengan una rachita de éxitos en su combate a la delincuencia – sea del fuero que sean – aunque sea la excepción.
Sucede todo lo contrario: es una constante y ahí están los registros del Sistema Nacional de Seguridad y ahí está Michoacán con sus números, fríos y descarnados, pero reales.























