Superada la etapa del desconcierto y del dramatismo ante lo  imposible de anticipar, se entra en la lenta etapa de la regulación, dictamen y objetividad, que no debe ser muy lenta, aunque sí sumamente burocrática, pues no existe el universo-volumen de personal calificado para la elaboración de los informes de condiciones de construcción y siniestro de los inmuebles y, además, de la elaboración de los presupuestos para integrar los proyectos de reconstrucción y su costo.

 Sin existir una cuantificación de daños, pero solamente al ver los daños, se hablaba de más de 20 mil millones de dólares y, ante la magnitud del desastre, es una cantidad que se queda  corta.

 La visión macro es esa, pero se desconocen las visiones micro: las pequeñas tragedias de cada familia que teniéndolo todo, ahora lo único que tienen es una lona o si bien les va una tienda de campaña y deben partir de cero para poder enderezar su vida y tratar de regresar a la normalidad, si se puede hablar para ellos de normalidad, cuando ya nada será igual.

 Ciertamente debe aceptarse que el estado no podrá reponer todo lo perdido. Es imposible. Muy seguramente habrá una ayuda, tal vez el 5% o hasta el 10%, pero ofrecer o conceder más, será imposible.

 Eso es para los oficinistas de desarrollo social y de desarrollo urbano y rural, pero para los sociólogos   y los políticos esta situación es muy especial: ¿qué viene después?

 De conformidad con los hechos de los grandes desastres telúricos sufridos por la región, lo que siguió fue una serie de crisis menores, que evolucionaron  que afectaron las estructuras políticas de esos momentos, para las cuales las estructuras político partidistas y liderazgos políticos no estaban preparados.

 Cuenta a favor que casi inmediatamente los Jefes de gobierno  – de  la ciudad de México y de la República – salieron a dar la cara y recorrieron la zona siniestrada y ofrecer ayuda y dando órdenes para que se pudiera canalizar todo lo habido y por llegar.

 Es deseable que todo lo que se vaya a ofrecer a la población que perdió en un  instante  todo se pueda distribuir transparentemente, honestamente y sin desviaciones ni artilugios demagógicos, para bien de todos, particularmente de quienes son los más necesitados en este momento.

 Y, también es deseable, que esta cataclismo que igualó a todos de los y los igualó ante el desastre, no evolucione en una crisis política y menos  en una crisis social.