El país está, aparentemente, en paz; la serie de atentados que se han presentado en algunas partes del país y del estado, no obedecen – en eso se confía – a conflictos poselectorales y a disputas del poder político. Son botones demostrativos que la sociedad está viva y que sus miembros son dinámicos. Se confía en que las corporaciones responsables de salvaguardar la seguridad social del Estado, en sus niveles correspondientes actúen y cumplan u objetivo central: Ofrecer y conservar la paz en niveles de tranquilidad, confianza y credibilidad.
Pasada la contienda electoral, el momento de los partidos políticos y de los ciudadanos, ahora es tiempo de intervención de las instituciones jurisdiccionales por mandato de ley para validad y certificar el proceso electoral y entregarle a quienes obtuvieron la mayoría legal de la voluntad popular, transformada en votos a su favor, la certificación-constancia de su representación: Diputado Federal al H. Congreso de la Unión, Senador de la República, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y, en el ámbito local, diputado local, presidente municipal del H. Ayuntamiento de Morelia – en la elección extraordinaria – y titular del poder Ejecutivo del estado que sea – Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco, Chiapas, Yucatán y Distrito Federal -.
En contra de todos los pronósticos y sombras de temor y duda todo está tranquilo, políticamente.
El comportamiento del candidato Andrés Manuel López Obrador era previsible, fuera quien fuera el que los sistemas previos informativos posteriores al cierre de las casillas declararan que corrientes mayoritarias de los cómputos le fueran favorables. La única forma de que no se manifestara de esa forma era que las tendencias comiciales le fueran favorables y como eso no sucedió, nuevamente se dijo defraudado.
Aquí es donde las principios rectores de nuestras CIUDADANIZADAS instituciones electorales y jurídico-electorales deben actuar con certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
AQUÍ LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL ESTADO-GOBIERNO NO TIENEN NADA QUÉ HACER. CARECEN DE VOTO.
Así, pues, habiendo mostrado el pueblo madurez en el ejercicio democrático, corresponde a las instituciones actuar y darle al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios y cortar con el cuchillo de Porcia, sin derramar una gota de sangre, porque, en caso contrario, todo el asunto se puede complicar y surgir el México Bronco y Violento, que nadie quiere que se muestre.
La sociedad espera que su actuación sea así como lo marca el artículo 41: CERTERA, LEGAL, INDEPENDIENTE, IMPARCIAL Y OBJETIVA.






















