De los muchos callados focos rojos existentes en nuestro estado es el de la llamada Nueva Jerusalén, población en donde está presente el fanatismo con el vestido de la religión, una de las muchas ramificaciones-derivaciones del cristianismo…
Curiosamente es una región-población que es piso electoral, caja chica-revolvente, para el partido que obtenga la voluntad de sus líderes religiosos; zona caracterizada por su bajísima escolaridad, preparación y mínimos de cultura, pero sí llena de fanatismo, comprobando aquella sentencia o axioma… “UN PUEBLO SIN EDUCACIÓN ES FÁCILMENTE MANIPULABLE. UN PUEBLO CON EDUCACIÓN ES FÁCILMENTE GOBERNABLE”. Esta misma zona es botón de muestra de la realidad social de nuestro pueblo y que el ideal de José Ma. Morelos, de luchar contra el fanatismo y sus efectos es, en la realidad, en la práctica, eso, un ideal… desde nuestra primera Constitución… ¡En 1814! … ¡casi dos siglos! Y seguimos igual… una muestra actual: El uso político de las imágenes religiosas…
Recientemente, por pugnas internas de dominio, de poder, el pasado 6 del presente, una facción interna destruyó las escuelas de esa población y aunque el titular del poder Ejecutivo afirmó que se actuará, se aplicará la ley, otros grupos refieren que quienes tomaron tal acción no temen a las acciones del gobierno porque están protegidos por seres divinos.
Esas expresiones tienen el mismo formato de todas las luchas, guerras, cruzadas, enfrentamientos religiosos que ha habido en toda la Historia de la humanidad y que se manifiesta actualmente en los conflictos árabes, libaneses, sirios, en la actual Serbia, Herzegovina, Monte Negro, India, Afganistán, Pakistán – que cubierta con el vestido del espacio vital, de la Guerra Santa contra la invasión del país en turno, enfrenta a hermanos de la misma sangre y nación, desde que aparecieron las ideas y dogmas religiosos – y que, trasladado a nuestro país, encubrió la lucha del EZLN en Chiapas en su famosa Guerra de las Cañadas y que, en nuestro país, en el primer tercio del siglo XX, se manifestó con la llamada Guerra Cristera, que desangró al Bajío – lucha religiosa que en el siglo XIX se hizo evidente en todas las etapas de nuestra evolución como nación y Estado Independiente, dificultando su solución e, incluso oponiéndose a su realización-.
El gobierno del estado debe tratar este asunto con pinzas y guantes de terciopelo para evitar, en principio, su calentamiento, porque el horno social no está para bollos y menos en cuestiones de tipo dogmático-religioso. Aquí, aun importando quién lo hizo, lo más importante es apagar la inquietud, sea o no sea jurídicamente recomendable. Ya habrá otro tiempo para detener a los culpables, aunque también se debe considerar a quienes dirigieron tal acción y encontrar la razón del hecho en sí.
Es deseable el mejor de los comportamientos para llegar a una solución, aunque se tenga que retirar, porque en ocasiones, se gana mucho perdiendo.






















