Las transnacionales están de vuelta en el Golfo de México, perforando y extrayendo el oro negro y el gas, con la complacencia de las autoridades superiores; pero no se conforman con lo anterior y quieren, como antes de 1938, tener la sartén por el mango. Afortunadamente en el México de antes había un gobierno que se preocupaba por el bienestar de los trabajadores, de su pueblo en lo general y mantuvieron en la raya a las compañías extranjeras.

Eran los años de la Revolución hecha gobierno y los trabajadores petroleros contaban con el apoyo de la Junta de Conciliación y Arbitraje, misma que a solicitud de parte integró una comisión de expertos encabezados, entre otros, por ilustres mexicanos Jesús Silva Herzog, Efraín Buenrostro y el Ing. Mariano Moctezuma, quienes arduamente investigaron la capacidad económica de las empresas y encontraron que éstas tenían una condición económica más que saludable y que verdaderamente podían cumplir desahogadamente, con las demandas que solicitaba el gremio de los trabajadores. Para fortuna nuestra, las ensoberbecidas compañías no aceptaron y nunca reconocieron que podían cubrir las demandas. ¡Su negativa fue sistemática! y su tozudez y soberbia trajo como consecuencia una gran huelga, la que estalló el 31 de mayo de 1937.

 

 

Los dueños del petróleo nuestro se negaron rotundamente a reconocer y a firmar el contrato colectivo sugerido, aduciendo lo que hoy tanto el gobierno como los empresarios continúan argumentando: “¡No tenemos la capacidad para satisfacer las demandas de los obreros y asalariados!” Menospreciaron a las autoridades y no consideraron que el gobierno revolucionario del general Lázaro Cárdenas se apoyaba en su pueblo y reconocía a los trabajadores. ¡No solamente no los apoyaba, sino los protegía! En laudo que el gobierno había realizado, se ordenaba prácticamente a las compañías el cumplimiento de las peticiones y el pago de 26 millones de pesos que correspondían a los salarios caídos durante la huelga. En la confianza a su poderío económico, en su capricho y al respaldo que de los gobiernos imperialistas tenían, se negaron a aceptar la sentencia, y buscaron ampararse en contra de ésta, argumentando contra la posición de las autoridades nacionales en sentido de que las enormes ganancias de las compañías sí permitían fácilmente cumplir con lo decretado.

En el México actual, infinidad de voces nacionalistas han alertado a todos los mexicanos de la necesidad de modernizar a la petrolera nacional, de incrementar su capacidad de refinación a fin de evitar la exportación de petróleo crudo y poder estar en condiciones de producir mayor volumen de gasolinas que permita exportar y no importarlas, pero el gobierno sigue negándose por sistema a la construcción de nuevas refinerías.

Un ejemplo de la tozudez presidencial en este sentido lo ilustra la actitud del ex presidente Calderón y su retraso en la construcción de una refinería en Tula, Hgo. Calderón engaño a gobernadores con el señuelo de que aportaran el terreno necesario para el desarrollo de este proyecto. La proyección realizada por Pemex, consideraba un “tren de refinación con capacidad de procesamiento de 250 millones de barriles diarios de crudo tipo Maya, más el procesamiento de algunos residuos de la refinería en operación. El proyecto, de 11 mil millones de dólares apenas inició en 2012 y está considerado terminarlo en 2016. Un buen número de mexicanos nos preguntamos el por qué de éste retraso mexicanos y nuestros “malos” pensamientos nos indican la probable razón: ¡la búsqueda internacional de capitales para coproducir con Pemex!

¡Los últimos gobiernos siguen sin escuchar las advertencias nacionalistas! ¡Hasta el cansancio se ha advertido de lo inadecuado, de lo no prudente que es abrir nuevamente las puertas de Pemex a las petroleras internacionales!, sin que esa demanda nacional sea escuchada y pudiera, válgase la comparación, de que a Pemex le suceda lo que a Martin Niemöller (Renania del Norte-Westfalia, 14 de enero de 1892-Wiesbaden, Hesse, 6 de marzo de 1984) cuando alertaba: “¡Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista1. ¡Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata!. ¡Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté porque yo no era sindicalista!. ¡Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío! ¡Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar!”.

Cabe señalar que Niemöler había apoyado la política anticomunista y antisemita de Hitler y que éste había ordenado su arresto (1 de julio de 1937), por su oposición al control nazi sobre las iglesias”.

Los de ahora son tiempos diferentes; los últimos presidentes que van desde el olvido de la historia y de los principios constitucionales hasta la abierta o descarada desviación de los principios, van siempre identificándose con los señores del dinero y con el poder económico que han logrado a través de la corrupción y de alianza con el gran capital.