Es natural, para nosotros los pueblos latinoamericanos, que en esta temporada de lluvias se llenen los espacios noticiosos con palabras, imágenes, ruidos y declaraciones sobre encharcamientos, inundaciones y ríos de aguas en las vías, avenidas y bulevares de las ciudades de los países de esta América.
Particularmente, en nuestro México y específicamente en nuestro estado, Michoacán, es usual ver y vivir y sentir, en esta temporada de lluvias, las calles llenas de charcos, de acumulaciones de agua que rebasan los charcos y se forman lagunetas y avalanchas de agua que buscan una salida para llegar a su destino natural, el lago, el mar y/o el océano.
Y verdaderamente es noticia y es alarmante ver que personas=familias pierden mucho de lo que consiguieron para tener ciertas comodidades en su vida. Es hasta risible para muchos, pero es una muestra de que no entendemos ni hacemos nada por resolver esta situación que es clásica, cíclica y característica de los pueblos subdesarrollados y faltos de cultura y hábitos de limpieza.
No hemos aprendido a NO construir en los lechos, cause secos de los riachuelos; la naturaleza no olvida sus cauces ni sus zonas naturales y el ser humano es reacio en modificar sus decisiones, casi siempre movidas por intereses financieros, así que las inundaciones y avenidas de agua barren con todo, pues se edifican casas en zonas que en el pasado reciente y en el pasado histórico fueron riveras de río y lagunas. Y no entendemos y construimos en zona de riesgo.
En las ciudades, pasa lo mismo, y lo más peor es que acumulamos basura, tapamos las coladeras, los drenajes, los azolvamos y ahí están los tapones para que los torrenciales aguaceros tengan una salida.
Todo lo anterior se comprueba con las inundaciones y las acciones de desazolve que algunas áreas municipales realizan: encuentran de todo, como si fuera un vientre de tiburón: placas, material de construcción, piedras…lo inimaginable.
Lo más grave es que las autoridades municipales, ni los políticos ni las familias hace algo por resolver de fondo, de raíz el problema: sembrar, desarrollar y madurar hábitos de higiene, de limpieza, de colocar la basura en su lugar y de no tirar la basura en las calles y sí depositarlo en los recipientes para basura, si los hay y si no…pues colocarlos. No hay pretextos para no tener cestos, botes, recipientes en las calles, jardines, avenidas, bulevares, mercados y, fundamentalmente en las casas-hogares de las familias.
No hay justificación para no sembrar hábitos de higiene – por las familias – para no aplicar programas, proyectos, acciones de limpieza urbana-rural y de formación de hábitos de higiene, de limpieza, de NO tierra la basura en la calle – por las autoridades de gobierno -.
Pero no, somos humanos y nos agrada tropezarnos más de dos veces con la misma piedra.





















