El asunto de la Ermita – Nueva Jerusalén – está creciendo, lamentablemente y  aun con toda la buena voluntad de las autoridades políticas estatales no se encuentra solución por una sencilla, simple razón: la sinrazón, la intolerancia, el fanatismo y la impunidad, con el agravante de que como es, según se rumorea, porque es imposible comprobarlo – una piso electoral priísta o de quien le prometa, le asegure y le confirme,  al mesías en turno, la continuidad de las cosas como se tiene: Libertad en el feudo  de hacer lo que el mesías diga.

La Ermita –la Nueva Jerusalén- en el marco de las libertades – de la libertad de creencias, de reunión, de asociación – está violando muchos y las autoridades políticas y del sector de la procuración y administración de la justicia están como la canción… ¡como si nada!

La Ermita es muestra de intolerancia e impunidad.

Ahora, las huestes de Martín de Tours conceden – porque eso es, dan, otorgan, ordenan –   quince días,  a los laicos para que dejen sus casas  para evitar la persecución que derive por el incumplimiento y el enfrentamiento – posible y probable – entre los habitantes.

Esto no es nuevo.  Ya existen registros de algo parecido a lo anunciado: En  1982 la mitad de los habitantes fueron desalojados, desplazados. En  1999, sucedió algo similar: 70 familias fueron expulsadas.

Los habitantes laicos temen por su seguridad y la de sus familias, porque hasta el momento las autoridades estatales ni federales han encontrado una vía de solución.

Es legal que manifiesten su fe, la que sea. Lo que está mal y es conducta delictiva obligar a que otros piensen y crean en el dogma, en la idea que se les impone, violentamente. Es ilegal que los desplacen; no se está en guerra, ni de sectas religiosas – como en Chiapas -; existen otras libertades que el cabecilla religioso, aprovechándose de la incultura, la bajísima escolaridad de la educación, el fanatismo, la miseria=pobreza, hace a un lado, pisotea.

Varios malosos afirman que no hay solución porque no encuentran cómo pagarle al líder-cabecilla religioso por los favores políticos recibidos – votos – y que ahora está cobrando la factura. ¿Será?

Lo que sea y vaya a ser, se desea que las autoridades del  estado encuentre la vía de solución y que está sea pronta para evitar lo que amenaza ser un baño de sangre por motivos, porque el Ermita es un feudo que vive en la Edad Media por el fanatismo, la incultura y el servilismo que la caracterizan, elementos  de las guerras religiosas, floridas o  santas o como quiera llamarlas.