Pasadas las elecciones de este año y quedando sólo los tribunales electorales del poder judicial de la federación p0ara validar y definir los resultados, los cómputos de los triunfadores que fueron señalados por el PREP y confirmados por la votación oficial, que en la mayoría de los estados y distritos terminó ayer domingo, es tiempo de pensar en la Grande del año 2018.

Y como todo se genera por las intenciones políticas de tener, recuperar y/o ampliar poder político, ya los que se consideran protagonistas políticos para esa campaña sea listan.

Uno de estos protagonistas el titular del Ejecutivo estatal de nuestro estado, Silvano Aureoles Conejo, de formación académica profesional como ingeniero agrónomo y militante del partido de la revolución democrática, PRD.

Verdaderamente no fueron sorpresa sus declaraciones.

Existían o filtraciones bien intencionadas o intérpretes de señas y/gestos para desentrañar el fondo oculto de sus acciones, de sus palabras, de sus gestos. El hecho es que no fue una total sorpresa el expresar que buscaría ser el candidato a la titularidad del poder Ejecutivo por el periodo 2018-2024, de la Izquierda unificada o de cualquier otra organización política.

Por supuesto que Silvano Aureoles Conejo tiene todo el derecho de expresar su deseo de ser y de buscar la candidatura a la presidencia de la República. Nadie se lo puede negar ni arrebatar, fuera de una contienda legal. Lo curioso es que sucede en un estado que es tierra propicia para los interinatos, modalidad-figura política, ciertamente legal, constitucional que cubre-tapa una falta muy grave a la soberanía de una sociedad.

Salvo contadas excepciones, en nuestro estado, los llamados interinatos, son una aberración político-jurídicas; pareciera que son encargaturas de zona feudal – te encargo el estado; me lo cuidas -, para no perder derechos, pero, en la práctica, son la pérdida de la continuidad de políticas públicas, de un orden administrativo y se convierten en aberraciones administrativas, políticas y anarquía político-administrativas; ejemplo de lo anterior y bien comprobado, lo fue el periodo constitucional del poder Ejecutivo estatal, en la que tuvimos de todo: un titular, inobjetable, irrecusable, un interinato, un encargado, un Virrey – comisionado por el Ejecutivo Federal para la seguridad y el desarrollo económico de Michoacán (que nadie sabe a qué vino) , una reinstalación y un gobernador interino – o sustituto, que para el caso fue lo mismo. Y lo más grave es que seguimos peor o por lo menos igual – que es igual, pues nos estancamos en relación al ritmo de desarrollo del país.

Inicialmente, pasará lo mismo: solicitud de licencia por seis, nueve meses y se romperá la continuidad en la aplicación de políticas públicas estatales – si las hay – . A ninguno de los poderes republicanos estatales parece importarles el deseo y necesidades de la sociedad michoacana, que votó por un Ejecutivo estatal para seis años.