Todo parece estar tranquilo, pero bajo la invisible capa de la tranquilidad, la tensión social forcejea por salir, por hacerse notar: La validación jurídica de la elección presidencial casi es muy probable que sé por las instancias jurídicas responsables y el país, nuevamente, seguirá su rumbo institucional.
Habrán hablado los ciudadanos y las instituciones.
Pero se hacen presentes actos, aparentemente aislados, que alteran la paz y la tranquilidad, que son las aspiraciones mayores de la población – que junto con el trabajo, el salario bien pagado y la salud, son los sencillos, los simples deseos de nuestra sociedad -. Y esos hechos están presentes un día sí y otro también.
Unido a lo anterior está el posible conflicto derivado de la decisión jurídica del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación planteado por la fuerza MORENA y su brazo político –todo parece indicar eso – #YO SOY 132 que ha realizado acciones que ya no son tan legales – vamos, ninguna de ellas han sido legales -, pero que ha abusado de la flexibilización de la ley y del afán de no confrontar de escuchar, de dialogar, de evitar el enfrentamiento.
Ante el escenario muy real de la validación de la elección presidencial, la designación de Enrique Peña Nieto como Presidente Electo, el movimiento MORENA, la amorfa fuerza del #YO SOY 132y los brotes, los actos delictivos de saqueo, asesinato, incendio, destrucción – que hasta la fecha no son de tipo político partidista-electoral – de la llamada delincuencia organizada, ¿qué harán? ¿Qué decisión tomarán? ¿Hacia dónde arrastrarán a la sociedad – porque de alguna manera la sociedad se verá involucrada, como daño colateral?
Esos tres sectores, esas tres fuerzas, tienen pocas opciones: 1°.- Aceptar las decisiones institucionales, legales. La vida social seguirá en paz. 2°.- Oponerse y entablar la lucha por la vía de las instituciones. Igualmente será decisión con un final anunciado, anticipado. Cosa juzgada. 3°.- La lucha. Aquí ni la sociedad, ni la mayoría de las personas que conforman estos sectores, estas fuerzas, ni lo quieren, ni están preparados para la confrontación con el Estado. Sería una lucha cruenta, sangrienta y aun existiendo condiciones sociales que permiten el cultivo de la insurgencia, la sociedad quiere paz, tranquilidad y trabajo.
Nadie desea regresar a los tiempos de la Guerra Sucia de los setentas.
Aun existen opciones legales: Los partidos, las organizaciones no gubernamentales, la nueva reforma política que posibilita los candidatos independientes y la promoción política, la formación de líderes…
La pregunta sin respuesta en este momento sería ¿Andrés Manuel López Obrador se atreverá a dar el paso que no dio Cuauhtémoc Cárdenas en 1988?






















