Hoy se cumple el 476° aniversario de la fundación, por mandato-Cédula Real, de la ciudad de Valladolid, hoy Morelia, capital de nuestro estado, asiento y sede de los poderes constitucionales del estado de Michoacán y, como complemento, centro político, social, estudiantil y ¿cultural?, de nuestro estado.
Hoy, sus autoridades políticas – singular e inéditamente, por la vía electoral sin adscripción formal a ningún partido político, dicen, independiente -, echarán la Casa por la Ventana y dirán repetidamente, como estribillo, lo que muchos políticos, poetas y cantores ya han dicho y repetirán en los años venideros: hermosa, colonial, Joya de América, capital de la cantera color de rosa y ciudad sin igual, cuyo centro histórico es non y no tiene comparación con ninguna otra ciudad del mundo, con la categoría de Patrimonio Cultural de la Humanidad – que estuvo a punto de perder esa clasificación=categoría por los puestos ambulantes de su ahora renovado Centro Histórico, que luce en toda su espléndida belleza arquitectónica.
Sus autoridades, repetirán sus promesas políticas tratando de transformar a una ciudad que ha sobrevivido a todos los furores y a todas las incurias. Morelia, es una ciudad mezcla de los colonial como lo “nuevo”; que tiene la arcana y longeva belleza de los pasados siglos con las necesidades de la vida contemporánea y es el destino=botín de los políticos para ofrecer una ciudad que se resiste a transformarse.
Su actual presidente municipal tiene un furor constructivo – nada más hacia el sur, sureste. El norte, noreste y noroeste están olvidados, como si sus residentes fueran de segunda o de tercera categoría – o una necedad, que ni la razón ni la congruencia, ni la realidad lo mueve hacia la cordura.
Salvo demostración real, no de Nintendo, la ciudad no necesita un centro peatonal, ni tampoco túneles, lo que necesita son obras que satisfagan sus necesidades cotidianas: transporte fluido, cómodo; vialidades en buen estado, vialidades, calles y bulevares y avenidas limpias, lo mismo que sus plazas y jardines, nomenclatura de sus calles, menos tianguis= mercados sobre ruedas y más mercados públicos; más centros de distracción, recreación y deporte – áreas deportivas y no parques lineales- y más espectáculos públicos sanos para la distracción y descanso de las familia y los individuos y muchas más vida cultural, respaldada por las instituciones culturales de la ciudad y, sobre todo, que tenga, más mucha más seguridad pública y menos palabras. Que sea más disfrutable y menos cara para vivirla.
Pese a todo, felicidades Morelia, por estar en la ruta del crecimiento como urbe, como una señorial ciudad.
Tus 476 años te saludan.























