Una de las características de nuestro tiempo mexicano – en política y en la administración – es la inmediatez: Todo hacerlo para hoy, no para mañana.
Particularmente en lo que se llama política, no existe en la mente, en el pensamiento, en el discurso de los políticos un sistema, un formato, una estructura ideológica, una filosofía. Destruida –algunos suponen – la ideología, la filosofía de la Revolución Mexicana; transformada nuestra Constitución de 1917, cambiada la correlación de fuerzas entre Estado y factores económicos – el Estado se hace a un lado para imponer el papel y peso del factor dinero y el Estado ya no tiene como objetivo servir a la sociedad y ser el gran factor de decisión, sino ser testigo del desarrollo y prevalencia de las leyes del mercado -, ahora y de una forma creciente pesan más los factores económicos privados, con las regulaciones desplomadas, con el nacionalismo fuera y con la presencia del neoliberalismo, cuyo teoría establece la eficiencia con menor costo; la eficacia con menos personal – hacer más con menos, en teoría -, el Estado se empequeñeció – en realidad el Estado entregó a sus cuates del sector privado las paraestatales, las descentralizadas y los organismos autónomos – TELMEX, MEXICANA, AEROMÉXICO, PENSIONES, TV AZTECA, FERROCARRILES DE MÉXICO, AEROPUERTOS, ETC. – y dejó las fuentes de ingreso al Estado en manos del sector privado y todo lo justificó apoyándose en la sedicente ineficacia, lo dañino del populismo, de la demagogia, las crisis económicas y los postulados de la revolución mexicana, que crearon la estructura de la sociedad de hoy, sin avaluar, sin calificar sus resultados, se guardaron y/o se archivaron.
Uno de los cambios trascendentales fue el sistema de jubilaciones y pensiones de los trabajadores – públicos y privados -. Destruyeron la confiabilidad en las pensiones: Se dijo que eran las Cajas Chicas del Estado, se cambiaron los regímenes pensionarios – se les entregó a los amigos del grupo en el poder –se reformó las legislaciones – propagandísticamente se ablandó a la sociedad y se creó un IMSS para el Siglo XXI y un ISSSTE para siempre – y el Estado se hizo a un lado, desprotegiendo a sus trabajadores y les ofreció un abanico de instituciones – administradas por sus cuates para hacer negocios que dejaban dinero fresco y constante y crearon las administradoras de los fondos de retiro que hacían negocios con los fondos de pensiones de los trabajadores – y no el Estado – obtienen ganancias por todos lados: cobran comisión al trabajador por “administrar su cuenta” y la parte de la distribución de las plusvalía de los préstamos del dinero del trabajador – la mitad de los intereses – y se modificó el formato para el retiro: NO por los años de servicio – A LOS 30 AÑOS – y sí por la edad cronológica del trabajador: a los 65 años.
El promedio de vida del mexicano es de 72 años, así que el trabajador pensionado vivirá y disfrutará de su pensión, en el mejor de los casos, en promedio, 7 años.
Se han hecho estudios serios de instituciones académicas – públicas y privadas – y han llegado a la conclusión que los trabajadores que en 9 años se retirarán, recibirán un 35% de su actual ingreso y que esa cantidad no les permitirá vivir como viven actualmente. Su futuro es la pobreza y en la mitad de los casos, vida miserable. Y eso lo sabe el gobierno de la República, pero le importa muy poco.
Actualmente tratan de resolverlo desde la óptica de los administradores de los fondos para el retiro: Aumentando la edad para la jubilación: de 65 a 67 años, cuando lo lógico y socialmente correcto es regresar esos fondos al Estado, incrementar las cuotas de ambos sectores, que no se cobre comisión por la llamada administración de cuentas, que la ganancia generada por los préstamos de los recursos de los fondos de pensiones sean totalmente para los cuentahabientes y que o el Estado o los patrones estimulen el ahorro de los cuentahabientes, depositando – como se hace en ISSSTE – $ 3.25 por cada peso que el cuentahabiente deposite en su cuenta.
Para la situación actual el secreto está en el ahorro, pero ¿Cómo ahorrar con la condición salarial y de sobrevivencia de los trabajadores?
Finalmente, ¿Quién asegura que las administradoras de los fondos de retiro no quebrarán y sí les regresarán a los trabadores sus fondos de retiro administrados por ellos?






















