Hoy domingo, en la hermana república de Venezuela habrá elecciones para elegir al sucesor del desaparecido presidente y líder de ese país, comandante Bolivariano Hugo Chávez.
Los candidatos son el mandatario interino, y señalado sucesor político de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y el opositor Henrique Capriles, abogado de 40 años de edad, quienes cerraron desde el pasado jueves sus respectivas campañas; curiosamente, en este día se recuerda que se cumple el undécimo aniversario del golpe de Estado contar el desaparecido líder.
Según una de las últimas encuestas de la firma Datanálisis, Maduro redujo su ventaja sobre el líder opositor Capriles a 9.7 puntos para la elección de este día: El resultado del sondeo es de 54.8% de intención del voto para Nicolás Maduro y 45.1 para el opositor Capriles.
¿Quién resultará triunfador?
De conformidad con la realidad política, es muy probable que el triunfador sea el candidato oficialista, el heredero de Hugo Chávez, precisamente por eso, por ser el heredero político y militar de Hugo Chávez, pues no tiene ningún otro atributo que lo singularice y, otra de las razones, porque la desaparición del líder fue muy recientemente y no está lejana de la fecha de la elección: Ni política ni socialmente está desgastado, el ejercicio del poder no lo desgastó y tiene la vestidura, el discurso del líder desaparecido.
Capriles tiene la imagen de ser viejo opositor y conoce todo el mensaje político de Chávez-Maduro. Es muy posible que cargue con la derrota, que no será aceptada.
El escenario más probable es de crisis y confrontación social; el opositor Capriles contará con el automático respaldo de los Estados Unidos, pues todos ellos – Estados Unidos y Capriles y sus simpatizantes – desean terminar y desaparecer la política pública y la política petrolera y el espíritu de Hugo Chávez.
La esperada victoria de Nicolás Maduro debe ser sumamente amplia y clara, los más clara, transparente y limpia posibles para evitar un conflicto interno, una confrontación social que conduciría Venezuela o a un estancamiento o a un retroceso o a un caudillaje.
El sucesor del desaparecido Caudillo Hugo Chávez enfrentará el desafío de parar tanto la inflación – que llega al 23% – como la angustiante devaluación, detener la deuda externa pública – superior a los 102.3 mil millones de dólares, que no incluye la deuda de la paraestatal Petróleo de Venezuela, S. A. – que se disparó el año pasado – , trabajar con una ocupación, por sector, en el último año, del 59.1% en el comercio formal y 40.9% en el informal y con una escasez del 20% de productos básicos no disponibles.
El mañana venezolano está en juego, y, también, el llamado Sueño Bolivariano.
Esperaremos.






















