El pasado viernes, 27 del presente mes, se inauguraron en Londres, Inglaterra, los  XXX Juegos Olímpicos y nuestro país, si9endo un miembros de los Estados firmantes de la Carta Olímpica, participó con un contingente ligeramente superior a los cien deportistas, pero sumamente inferior a la cantidad de deportistas de pantalón blanco que asistieron, bien sea como funcionarios del Comité Olímpico Mexicano,  del Centro Olímpico Mexicano, de las federaciones deportivas correspondientes, amigos, compromisos  de los grupos de poder político y deportivo y/o  lo que sea y haya sido, pero que les entregaron su boleto para viajar a la sede de estos juegos, que fueron calificados como los de mayor seguridad  y modernidad de la historia, que apenas acaban de iniciarse.

Por lo visto hasta el momento, nuestro país carece de posibilidades de ser, deportivamente hablando, competitivo y ser considerado  como desafiante de alto riesgo por la obtención de medallas de oro, plata y/o bronce. Los deportes en los cuales México tiene ligeras posibilidades  son en marcha y caminata  – cuya escuela fue asimilada, copiada y mejorada por los países orientales y en la cual sus seguidores mexicanos brillan por su ausencia: Está muerta. -; acaso en clavados en sus diferentes modalidades y en los deportes de contacto – como el boxeo – muy pocas -, en karate – sobre todo en el femenino -.  Si los gacetilleros y paleros de las cadenas informáticas tienen razón – que se duda – en fut bol. En las de ciclismo, sumamente ligeras posibilidades. En las pruebas de fondo y resistencia como la Maratón, absolutamente nada.  En la mayoría de los deportes de conjunto ni se clasificó en los preolímpicos regionales para llegar a Londres. Lo que son las pruebas de pista y campo – todas -, natación – todas, en sus variadas modalidades -,  ecuestres, halterofilia – en todas sus categoría -, remo, velerismo, tennis, volibol  -de salón y de playa  y en sus dos categorías -, basquetbol – en sus dos categorías -, ni se clasificó en las regionales  preolímpicos. Y así por el estilo.


Hasta el momento los deportistas mexicanos han mostrado los distintivos que no pueden desaparecer: mediocridad, inconsistencia, irregularidad, ausencia de hambre de triunfo  y miedo a  victoria, a triunfar. Fácilmente satisfecho con lo mínimo y si aspira a lo máximo, no parece demostrarlo.

EL dinero que se gasta en los deportistas del llamado  “Alto Rendimiento” es un derroche  y un lujo que no podemos darnos en un país en donde más de la mitad de su población vive en la miseria y desea, realmente, un triunfador, una generación de triunfadores, de mexicanos que demuestren que no le tiene miedo a la victoria y que tiene hambre de triunfo, de ganar y de ser victoriosos y de competir con regularidad, consistentemente y no tenerle miedo, ni respeto,  a nadie.

En tanto el deporte mexicano siga siendo dirigido por Mario Vázquez Raña y su camarilla, nuestro país no tendrá la oportunidad de probar que es posible triunfar.

En tanto el deporte mexicano siga siendo dirigido por Mario Vázquez Raña y su camarilla, nuestro país no tendrá la oportunidad de probar que es posible triunfar y debemos aceptar lo de siempre: Frustración, desengaño y decepción. Hasta podríamos aceptar que es genético y que la maldición de Moctezuma  Xocoyotzin la llevamos en la sangre y en la mente.