De la estatización de la banca hasta Monex
Sin duda alguna para un país como el nuestro, donde en los últimos seis años no ha habido un crecimiento económico; donde cientos de miles de estudiantes son rechazados de las universidades porque éstas no tienen capacidad para recibirlos; donde existen varios millones de desempleados, muchos de los cuales inundan las calles vendiendo puros productos chafas, metidos de contrabando, para poder subsistir; donde, día a día, decenas o centenas de mexicanos emigran hacía los Espantados Unidos, no importándoles el gran riesgo de quedarse en el desierto para servir de alimento para los carroñeros; donde se han perdido más de 60 mil vidas a causa de una guerra estúpida generada por la incompetencia de Calderón, es un “milagro“…, ¡verdaderamente un milagro!, pues no puede verse de otra manera el crecimiento asombroso, las grandes ganancias que tiene la banca extranjera en México, y desde luego, el gran desarrollo que ha tenido Banco Monex, desde su nacimiento hace escasos años.
¡Pero en un país tan corrupto como el nuestro, nada nos sorprende…, todo es posible!
Pero en este nuestro México eterno, ya no hay sorpresas desde aquel día en que un grupo pequeño de facinerosos españoles destruyera al gran ejército de mexicas y la gran urbe de Tenochtitlan y que esclavizara a muchos de los pueblos oriundos de este continente; o cuando en un acto de heroísmo, se diera el grito de esperanza que culminó con nuestra independencia. Actitudes como las que tuvo el pueblo del México colonial de soportar o tolerar o permitir la presencia continua de Antonio López de Santa Anna, durante ¡once veces? en la Presidencia de México, no se da en cualquier país. Nunca sorprendió a los mexicanos que en una ceremonia funeraria y con todos los honores, enterrara ” su pata” desmembrada de su cuerpo, pero…, recapitulando…, tal vez si nos sorprendimos en la mañana de un primero de septiembre de 1982 (cinco años después se fundaría una pequeña empresa de compra y venta de dólares llamada casa Monex) que en un arranque de locura o de pragmatismo político, José López Portillo estatizara la banca mexicana. ¡Sí!, la misma Banca que en bandeja de plata la entregara un impuesto presidente (nacido porque el Sistema cayo el sistema) a las manos de unos cuantos favorecidos que, así, tan rápidamente como se les había entregado, las saquearon, las corrompieron y las perdieron, obligando al Estado Mexicano a recuperarlas para inmediatamente volverlas a sanear y vuelta a la noria, entregarlas de tal manera que esta historia terminó con la extranjerización de la Banca Mexicana y con una deuda pública de cientos de miles de millones de pesos (fobaproianos), que todavía a costa del pueblo mexicano9 el gobierno no termina de concluirla .
No nos sorprende ya nada de lo que pasa en México y menos el escándalo electoral suscitado como resultado de la venta de millones de tarjetas monex, mismas que fueron distribuidas en el periodo de la campaña con el propósito de ayudar económica y electoralmente al candidato del Partido Revolucionario Institucional.
Tampoco nos sorprende que los soldados sean metidos a investigadores policíacos y ya vemos con cierta normalidad la transferencia de sus cargos de altos jefes militares para ser recluidos en las cárceles de “alta seguridad” de la que se evaden ríos de presos con mucha facilidad. Menos nos puede sorprender, en tiempos de miseria y de cólera, la compra de un gran avión cuyo costo haciende a más de 700 millones de dólares para uso del ejecutivo federal, menos, mucho menos nos sorprende el crecimiento de Banca Monex, que transitó de una simple casa de cambio (compra y venta de dólares) a un verdadero “holding”; es decir, a una compañía que rápidamente por medio de la compra de otras empresas, o por la adquisición de la mayoría de las acciones de esas otras empresas, se transformara en lo que es ahora “Holding Monex”.























