La “reforma de las telecomunicaciones“ tiene muchas aristas, que por sí mismas son capaces de determinar el futuro de un sector muy amplio. Una de ellas es la apertura a la inversión extranjera. Analizar todas sus implicaciones, sin lugar a dudas, puede abarcar un libro completo.
En este post voy a centrarme de forma concreta en el tema de los medios de comunicación, porque son parte de la reforma en el área denominada –radiodifusión-.
Los medios no sólo son empresas que hacen negocios, como ocurre en el sector hotelero, restaurantero o manufacturero, son responsables de sentar las bases de la conciencia colectiva, en una frase, nos ayudan a comprendernos como sociedad.
Su rol social no es otro que el de informar, educar y entretener, aunque a veces, sobre todo en los últimos tiempos, muchos tenemos la sensación de que el entretenimiento es el protagonista de la prensa, por encima de la educación y de la información. Y esto es peligroso, porque inhibe nuestra capacidad de crítica y reflexión.
Un derecho natural
La prensa, también conocida como el “cuarto poder” es llamada así porque, en su vertiente informativa, tiene la obligación de vigilar a los tres poderes del Estado –ejecutivo, legislativo y judicial-, con la diferencia de que para ejercer la libertad de prensa, de expresión, de cátedra y de opinión no hay que concurrir a un puesto de elección popular, puesto que son derechos humanos fundamentales en cualquier democracia y México no es la excepción.
Ahora bien: ¿Cómo sería más efectiva la vigilancia del poder? ¿Si la ejerce una sola empresa con una tonelada de intereses particulares y estrechos vínculos políticos o si lo hacen un grupo atomizado de medios y ciudadanos particulares, tantos como sea posible, tantos que resulte imposible agruparlos en un gremio? La respuesta es obvia. Entre más vigilantes, más perspectivas, entre más perspectivas, más información. Y entre mejor informados estamos, más exigentes y críticos somos, lo que refuerza nuestro peso respecto a las “autoridades”. Por eso, la reforma de las telecomunicaciones implica que mantengamos una actitud vigilante y crítica.
El caso de Estados Unidos
Estados Unidos es nuestro principal socio comercial. Más de tres cuartas partes del comercio internacional de México se realizan con ese país. Y el comercio internacional en general ha crecido en importancia, hoy supera los 700 mil millones de dólares por año. Es decir, es mucho más importante para la economía en su conjunto de lo que era antes de 1994, cuando se abrió el primer Tratado de Libre Comercio.
Ahora bien, en Estados Unidos sólo cinco empresas gigantes controlan casi el 90% de todos los medios de comunicación y cabe esperar que estas empresas expandan su presencia en México. Pero cabe destacar que en 1983 más de 50 mediáticas tenían un peso significativo en el panorama estadounidense, como indica el libro “The New Media Monopoly”, de Ben Bagdikian. En México, la situación es distinta, Televisa ha sido el gran gigante durante décadas, pero poco a poco han surgido o resurgido otros grupos mediáticos.
Lo importante aquí es llamar la atención sobre la necesidad de que los mexicanos, como consumidores de medios, no nos contentemos con un simple abanico de cuatro o cinco opciones. En los medios siempre debe primar la diversidad, porque de ello depende que tengamos una opinión pública crítica. En Estados Unidos muchos se quejan de que toda la información llega diluida a través de News Corp, del magnate Rupert Murdoch, de Time Warner, Disney, Viacom, Vivendi y Bertelsmann que son las empresas que dominan el panorama mediático.
Así, debemos asegurarnos de entender la reforma de las telecomunicaciones y saber que es probable que en un futuro no muy lejano veamos una súper concentración de grandes grupos de medios de comunicación de masas, o bien, que comencemos a recibir mensajes de grandes empresas con acceso a las comunicaciones satelitales. Ante esta propuesta, sólo puedo limitarme a señalar que los grandes grupos de medios están vinculados a grandes intereses comerciales particulares, como todas las empresas, y que éstos les impiden muchas veces ejercer un rol social estrictamente educativo e informativo, es decir, periodístico objetivo.
Por eso, como consumidor de medios, no se limite a aceptar sólo una versión de la reforma, ni de ningún otro tema. Sea activo, lea libros, cambie de canal, navegue por internet y busque el trasfondo de cada noticia; Comente, participe, implíquese en el debate público. La tecnología se lo permite y la Constitución lo protege. Si no lo hace corre el riesgo de convertirse en un mero receptor de mensajes. Depende de usted.
Elie Smilovitz es licenciado en Periodismo y Comunicación por la Universidad Carlos III de Madrid, MBA por el Centro de Estudios Económicos y Comerciales de España, colaborador habitual en medios de comunicación nacionales e internacionales y emprendedor.

























