Casi todos sabemos que la siembra, consumo y comercialización de la mariguana es un enorme negocio; que su precio está en relación directa a la prohibición de su consumo   y lo intenso y permanente de la lucha contra esa actividad y adicción: En tanto hay más detenciones, aseguramiento, muertes y detenidos, es más cara su comercialización y venta; que en nuestro país,  en menos de  una generación se ha dado una serie de transformaciones: nuestro país pasó de ser poquitero y puente en el tráfico del consumo de la mariguana y  transporte-burro para el trasiego de esta droga a ser productor, consumidor – su  consumo en los jóvenes y adolescentes ha crecido exponencialmente -, un empresario en la siembra, transportación y comercialización y jefe de organización mafiosa y con gran capacidad de corrupción. Actualmente es un negocio, acaso, mil por ciento redituable porque el dinero se invierte para lavarse y  es fuente inagotable de dinero.

En la lucha contra estas actividades ilícitas el Estado, hasta el momento  lleva las de perder, particularmente porque es frontera norte con el mercado de consumidores de drogas  más grande del mundo y de una sociedad que ve a  estas actividades ilícitas como una empresa y todo lo referente a éstas es trato empresarialmente (Ganancia, utilidad y plusvalía): Los Estados Unidos.
A esta lucha  nuestro país – por compromisos políticos con nuestros vecinos del Norte –  ha canalizado miles y miles de millones de dinero, de equipo y de elementos de los cuerpos de seguridad de todos los niveles y los resultados son magros, pocos, en relación costo-producto.

Por eso, desde hace un poco de tiempo, y determinadas por lo estéril e inutilidad de lo invertido=costo, a que en varios países ya se comercializa legalmente,  muchas voces en todo el mundo – particularmente en América Latina – se han levantado  proponiendo su legalización,  como Evo Morales, presidente de Bolivia; en Canadá, en los Estados Unidos y en nuestro país muchos académicos e investigadores, así como sociólogos y penalistas  respaldando esa iniciativa.

En Uruguay, su presidente, José Mujica, presentó la iniciativa de legalizar el consumo de la mariguana y como efecto inmediato y directo fue el inicio de serio  y polémico debate – uno de los más importantes de la historia uruguaya reciente. El proyecto implica la estatización en la cadena de producción y comercialización de esa droga    y, por supuesto, es evidente que las opiniones están muy definidas: Aproximadamente el 60% rechaza la iniciativa – el expresidente Julio maría Sanguinetti afirmó que “Uruguay enfrenta el peligro de asumir el rol del primer Estado narcotraficante” – y el restante lo acepta, pero el partido gobernante tiene mayoría en ambas cámaras y es posible que Uruguay sea el primer país en el mundo en avanzar en esta materia: La legalización del consumo de la mariguana. Y está otra barrer: Los Estados Unidos.

La interrogante es: ¿La solución al problema que plantea la mariguana se encuentra en su legalización y con ella se acabarán todos los problemas o será el fortalecimiento y oficialización de todos ellos?